Aprende a perdonar

¿Sabes perdonar? Cuando resultas herido o decepcionado, ¿cómo sabes que realmente estás dejando ir la rabia o el resentimiento?

A veces el dolor es tan grande que se encalla, dejándote como única salida el rencor, o el asentamiento del malestar. Y en los peores casos, puedes caer en la multiplicación de ese malestar. “Si me lo hicieron a mí, yo lo haré a los demás”.

Una invitación rechazada, un interés amoroso no correspondido, un maltrato sin justificación, traumas de la infancia. Son muchas las causas del dolor emocional, y muy variados sus niveles de incidencia en cada quien. En todo caso, más que mirar y recordar constantemente el hecho, debemos considerar que esta práctica no tiene sino efectos negativos en nosotros.

¿Cómo aprender a perdonar? Hay varias maneras:

  • Dejarlo ir. Nada ganamos reteniendo ese recuerdo. Es posible reconstruirnos a partir de los aspectos positivos, en lugar de resaltar los detalles de nuestro dolor. Eso que dicen por ahí: lo que no te mata te hace más fuerte. ¿Vivir sufriendo, o seguir adelante?
  • La empatía. Ciertamente, hay personas en quienes no se puede confiar. Sin embargo, hay que tener presente una cualidad esencial de nuestra naturaleza: somos humanos e imperfectos. Hay personas buenas que cometen errores, incluyéndonos. Por cuestiones de higiene energética, debemos retirar de nuestra mente pensamientos como “la gente es mala” o “siempre se quieren aprovechar de mi”.
  • Ábrete. Está en ti buscar la opción contraria a la maldad de la gente. Concéntrate en el amor y en las cosas buenas que te rodean. Trata de encontrar personas que prueben que sí hay gente buena o, mejor incluso, conviértete tú en esa prueba.
  • Aprende a confiar de nuevo. No cierres la puerta, no se trata de olvidar. Se trata sencillamente de dejar ir la connotación negativa del recuerdo que, más temprano que tarde, afectará tu vida emocional, afectiva y espiritual. No le des cabida al rencor en tu vida. Tu templo es tu cuerpo y por ende es sagrado.
  • Deséale lo mejor a quien te ofendió. Es difícil al principio, y requiere de disciplina: mientras más lo practiques, verás cómo los sentimientos negativos se evaporarán. Así, en el futuro, cada vez serás menos prisionero de tus malos recuerdos.

¿Quieres que ese mal recuerdo te condicione y, como tal, te defina? Te recomendamos lo contrario, porque el perdón es libertad. Anímate, y siéntete libre. Así se vive mejor.



Deja tus comentarios aquí: