Aprender a ser paciente

“Tienes que respirar profundo y contar hasta diez lentamente antes de contestar o hacer algo de lo que te puedas arrepentir”, me dijo hace un mes mi esposo, en clara alusión a mi tendencia de perder la paciencia en los atascos de tráfico que me hacen llegar tarde a una cita importante, cuando no consigo las cosas que deseo, o no salen en el tiempo o de la forma en que las espero, cuando la teleoperadora de cualquier servicio me tiene colgada horas y horas sin poner solución a mi problema, la cola en la caja del supermercado. La frase me sacudió, al punto de llevarme a reflexionar sobre cómo lograr ser paciente frente a éstas y otras situaciones cotidianas.

Con el tiempo decidí que, al menos en mi caso, ser paciente no tenía que tomarlo al pie de la letra. Respirar para no perder la paciencia podía convertirse en otros verbos: aprovechar, disfrutar y saborear. No puedo decir que conjugo estos verbos todos los días, pero al menos puedo dar fe de haber interiorizado la importancia que tiene aprender a hacerlo.

respirando2Desde entonces he conseguido identificar rituales que me han ayudado a emplear la creatividad y convertir los momentos de espera en momentos útiles y evitar que reaccione quizás con desesperación. En el tráfico sintonizo la radio o escucho un buen disco que despierta mis sentimientos y me invita a recordar. En esa situación de estrés la música me genera serenidad, equilibrio y reposo.

Cuando las cosas no salen como lo espero o la teleoperadora no resuelve mi problema, en lugar de desesperarme he aprendido a mantener la calma y concentrar mi atención y esfuerzo en aceptar, resolver y agilizar. Dejo de quejarme y me pregunto: ¿cómo puedo resolverlo?.

Cuando hago una cola muy larga en el supermercado me pongo a intercambiar palabras con mi vecino para quejarme precisamente de lo lento que avanza, de la falta de organización, provocando un sentimiento de convivencia incluso estando descontenta.

También repito una hermosa oración “Dios, dame serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar; valor para cambiar las cosas que puedo; y sabiduría para conocer la diferencia. Viviendo un día a la vez; disfrutando un momento a la vez”. (Reinhold Niebuhr, 1943).

La lista, sin duda alguna, es personal; pero no está de más compartir algunos tips para intentar ayudar al otro en la tarea de ser paciente. Trate entonces de respirar, de ser flexible y a bajar la velocidad para recuperar la calma que le permita actuar y sentirse de una mejor manera. Seguro que es más fácil decirlo que hacerlo.

Recuerde que la paciencia consiste en no perder el control, saber esperar y aceptar, reunir la fortaleza necesaria para buscarle siempre el lado positivo a cada situación lo que permite sobrellevar miles de momentos de espera del día a día o vivir la vida con tranquilidad.

 



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