Aprendiendo a escuchar(nos)

La escucha (la verdadera) es una actividad (implica acción). Su acción es más interna que externa, es por ello, que quien sabe escuchar (quien puede hacerlo) ha de tener una íntima relación consigo mismo.

En mi caso, a lo largo de la mayor parte de mi vida, he creído y sentido que soy mejor para hablar que para escuchar; esa es muy posiblemente una de las razones que me llevó a estudiar Comunicación Social. Sin embargo, cuando comencé a hacer entrevistas, me di cuenta de que los mejores intercambios ocurrían cuando le abría un espacio dentro de mí al otro, cuando valoraba al máximo sus expresiones.

Más recientemente, cuando estudié Coaching Transformacional me convencí de la necesidad imperiosa de aprender a escuchar. En las prácticas hicimos muchos ejercicios en los que nada más teníamos que sentarnos a escuchar al otro, e interpretar su discurso (para qué le servía lo que decía, de dónde venían sus creencias, cuáles eran sus modelos mentales más poderosos). De manera de hacer luego las preguntas clave, las que ayudan a la persona coacheada a escucharse, a aprender de sí misma, y así, transformarse.

Los siguientes tips facilitan el desarrollo de la escucha:

  • Disposición: prepararse interiormente para escuchar.
  • Observar al otro, su postura, tono.
  • Identificar el contenido de lo que dice, los objetivos, sentimientos.
  • Hacer notar que se está escuchando. Además de pronunciar afirmaciones como: «ajá», «ok», es recomendable parafrasear (decir con las propias palabras lo que entendimos que el emisor acaba de decir).
  • Usar la comunicación no verbal (mantener el contacto visual, captar los gestos, la inclinación del cuerpo…).

Recordemos que nadie posee la verdad absoluta, por lo que siempre es útil situarse en el lugar del otro. Así entendemos que quien escucha no critica a la ligera.

En la comunicación que expresa lo primero que pasa por la mente, los interlocutores tienden a ser recipientes. En cambio, en las comunicaciones que persiguen el aprendizaje mutuo, los interlocutores se contienen, reatroalimentan, y así crecen.

Diálogo modelo:

Un padre busca a su hijo de doce años a la salida de su clase de tenis.

Padre: – ¿Qué tal estuvo la clase?

Hijo: – ¡Buenísima! Cada vez me gusta más jugar tenis. Quiero ser un jugador profesional como mi prof…

Padre (interrumpiendo): Estás volando demasiado. Para ganarse la vida hay que trabajar en algo serio, y si no mejoras las notas, voy a sacarte del tenis. Que no se hable más.

El padre en lugar de reaccionar de esta manera, podría aprovechar para conocer mejor a su hijo e indagar acerca de sus inclinaciones, y así poder tratar el asunto de su elección profesional con mayor propiedad en el momento adecuado.

Alternativa:

Hijo: Cada vez me gusta más jugar tenis. Quiero ser un jugador profesional como mi profesor.

Padre: Oh, vaya noticia. No tenía idea que te gustaba tanto el tenis. Cuéntame por qué te gusta tanto.

«Del escuchar procede la sabiduría, y del hablar el arrepentimiento». Proverbio italiano.



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