Aprendiendo día a día

A veces, permito que las emociones me dominen. Pero rápidamente, hago todo lo que está a mi alcance para que esas emociones dejen de alterar mi paz interior, y poder volver a la calma. Respirar conscientemente, me ayuda. Sin embrago, escribir me ayuda más. Desde que he descubierto la técnica de escribir para relajarme, me siento mejor. Descargo mis angustias, mis rabias, mis desaciertos, mis temores, en blanco y negro, a lápiz o en el teclado; y poco a poco vuelve la serenidad. Porque debo mantener la salud física, mental, espiritual y emocional, por sobre todas las cosas.

Entiendo que es bueno, deja fluir las emociones, ya que dominarlas permanentemente, también enferman. Sólo que hay que encauzarlas. Y cómo escuché que dice un amigo: puedes permitirte 10 minutos de depresión, pero no 11. Entonces puedo permitirme 10 minutos de rabia, tristeza, pero no 11.

Tengo que analizar lo que me afecta, tengo que traerlo a la razón, tengo que hacerlo salir de mi cuerpo y aprender de eso, y luego dejarlo ir.

Cada cosa que me pasa, debe dejarme un aprendizaje, debe hacerme crecer como persona, debe hacerme más grande. Tengo mucho por aprender todavía, pero día a día aprendo que estoy construyendo una versión mejor de mí misma.

Poco me afecta ya, quizás casi que nada, lo que piensen los demás, o su opinión de mi vida y mis acciones; y esto sin ánimos de sentirme superior. Al contrario, aprendo y saco lo bueno de las opiniones de los demás, me pregunto en que me puede ayudar eso a crecer, a ser mejor, y si consigo algún aspecto de mí que pueda mejorar con eso, lo aplico y sigo adelante, agradeciendo esa oportunidad que ha dado la vida para ser mejor.

He optado por eso, aprender de cada situación, sacar lo bueno que hay y desechar lo que me pueda afectar. Algunas veces es difícil, es complicado, porque aún me quedan muchas herramientas por aprender para manejar la vida emocional; aun así hago mi mejor intento.

Siempre pienso que todas las personas por muy indefensas que se vean, pueden enseñarme algo. Y me propongo tener mi mente abierta a aprender, agradeciendo siempre la oportunidad.

Procuro nunca ver las cosas de forma negativa; ni juzgar. Algunas veces lo hago, pero de manera inconsciente. Cuando lo racionalizo, me detengo y vuelvo a empezar.

Así, me ha funcionado, para tener una vida más feliz conmigo misma; y emocionalmente más estable.

Procuro pensar que todo siempre tiene una solución, y que si sólo empiezo a quejarme, nunca la voy a encontrar. Todo lo que me pasa debe dejarme un aprendizaje, porque todo tiene un “para qué”. A veces me cuesta verlo y entenderlo, pero finalmente siempre llega algo o alguien que me ayuda a descifrar esos enigmas. Y aunque hay muchos “para qué” que aún sigo sin entender, conscientemente sé que existen, y que llegará el día en que lo descubriré. Generalmente todas las situaciones, tiene la finalidad de hacernos más fuertes, de saber quién realmente nos ama y nos apoya, o de prepararnos para cosas que vendrán en un futuro.

Por eso, vuelvo a dormir en paz y en tranquilidad, sabiendo que día a día voy encaminada a un propósito de vida. Que aunque a veces quiero lanzar la toalla, tengo que salir al centro del cuadrilátero una vez más. Paso a paso, un día a la vez, un problema a la vez.

«La vida es el arte de tomar decisiones que te hagan feliz»



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