Aquella frustración

“Esta niña es puro melodrama, ¡igualita a Doris Wells!”. Así me decían las profesoras en el colegio y mis compañeros morían de la risa, pero lo que para todos eran un chiste, para mí era el mayor de los halagos, de las ilusiones, de los deseos.

Desde que sé que existo quise ser actriz. Cada vez que se celebraba un día de lo que fuera, era mi oportunidad para organizar una presentación teatral con primas, amigos y amigas, donde obviamente yo era la protagonista. Pasaba horas sola frente al espejo ensayando caras, poses, llantos, risas, peleas, escenas de amor.

La historia de por qué no avancé por ese camino tiene demasiadas subtramas, pero en especial, tiene una carga de gran frustración en mi alma, aunque soy inmensamente feliz con mi profesión.

Hace dos años, luego de ver una excelente puesta de “La casa de Bernarda Alba”, compartí con una de las protagonistas y le dije, con todo ese histórico “melodrama” del que soy capaz: una de mis pocas frustraciones en la vida es no haber sido actriz.

Su respuesta me petrificó: “¿por qué? La señora que acabas de ver -esa de 65 años- estaba actuando por primera vez en su vida. Así que sácate esa frustración de encima. Hay buenos cursos y siempre que estemos vivas podemos hacerlo”.

Lo dijo tan convencida, con tanta confianza en la mujerabilidad que yo no había descubierto en mí, que me dejó pensando.

Un par de meses más tarde me reencontraba con una gran amiga del colegio y su primera pregunta fue ¿por qué no fuiste actriz?

Casi me saltaron las lágrimas y una semana después ella misma me enviaba los datos de un curso de actuación para adultos.

Anoche, luego de año y medio de clases en la escuela de Karl Hoffman, salí a las tablas,  hoy es el acto de graduación. Anoche estuvieron presentes cinco de esas maravillosas amigas del colegio que crecieron llamando Doris Wells, anoche tuve público de verdad, anoche pagaron por ir a verme.

Hoy es mi acto de graduación. Hoy, como anoche, vuelvo a representar ese personaje de Tennessee Williams que sueña con una vida mejor y termina creando la historia de su muerte en soledad.

Hoy lloro de la emoción, porque mi mujerabilidad crece un poquito y me saca una frustración del alma, cumplo uno de los sueños más grandes de mi vida: comienzo a ser actriz.

Siempre que estemos vivas, que creamos en nosotras mismas y que nos permitamos crecer, podremos hacer que cada frustración se convierta en reto y que cada reto sea una meta que construye el camino de una vida plena.



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