Aquietémonos…vayamos lento…

Aquietémonos…vayamos lento…

Más lento, más lento…Siento que ése es el mensaje que me ha venido dando mi cuerpo en estos días. Mientras más se mueve el mundo alrededor, con cambios inevitables y repentinos, más quieto quiero estar para no marearme. Si corro detrás del tiempo, no lo alcanzo. Creo que lo mejor en este momento es detenerme y observar.

A veces, cuando todo ocurre rápidamente, lo mejor que podemos hacer es “hacer nada”. Seguro aparecen los reclamos del ego con la culpa, los “debería” y “tendría”. Pero cuando nuestra paz no es negociable, nada que nos la quite puede ocupar nuestra atención.

Las variables del tiempo se hacen cada vez más cortas. Lo que antes demoraba unos meses, ahora parece armarse y desarmarse en unos pocos días. Lo que tomaba días, ahora ocurre en horas. Y, contrariamente, lo que queremos que ocurra aceleradamente, se desenlaza sin ninguna prisa.

El tiempo nos está dando una lección, nos está ayudando a ver de cerca nuestra ansiedad, nuestra urgencia y la resistencia a aceptar las cosas como son. Y no nos deja escapar del aprendizaje, porque nos enfrenta a la impotencia, la rabia o la desesperación para que lo sintamos y nos rindamos.

¡Eso! Rendirse es la palabra que siento como llave para permanecer en paz en estos días. Atestiguar lo que siento, meditar, hacer silencio, poner la atención más adentro que afuera.

Y respirar… 



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