Asanas: posturas del yoga

El siguiente escalón después de los Niyamas lo constituyen las asanas. La conquista de la mente comienza con el despertar de la sensibilidad interna, la cual comienza a descubrirse a través de la práctica de asanas. Asana se traduce como una postura o pose de Yoga. A pesar de que el yoga es mucho más que asanas, son con lo que la mayoría de la gente identifica al yoga. Veamos cómo comenzar a trabajar con estas poses.

Al ejecutar una pose, enfréntala con calma, y no trates de correr antes de gatear, dedicándole tiempo a familiarizarte con cada asana. A pesar de ser importante prestar atención a la correcta ejecución de un asana, esto no debe ser lo más importante en nuestra práctica. La meta de un aspirante identificado con el objetivo del Yoga debe ser alcanzar la disciplina, y no lograr un asana en particular. La perfección llega con la constancia y la perseverancia, en la medida que hagas del Yoga un hábito, comenzarás a experimentar sus beneficios en mayor grado.

Es importante tener presente los objetivos al ejecutar un asana: concentrarse en activar los músculos involucrados, relajarse, y respirar. Una vez adoptes una pose, procura relajar la expresión de tu rostro, descansar la lengua en su puesto, y dirigir la atención a la respiración. Estudia el comportamiento de tu respiración, y utilízala como una herramienta para relajarte en la pose, así como para estudiar la reacción de tu cuerpo.

Trata siempre de realizar tu práctica descalzo y sin medias. Trabaja el tiempo que pasas en cada pose, comenzando con 15-30 segundos, y construye tu resistencia hasta alcanzar 1-3 minutos. Durante este tiempo,  mantente en sintonía con tu cuerpo, escúchalo cuando te avisa que una pose causa dolor, o si no estás listo para realizarla. Si el dolor es tolerable, úsalo para darte cuenta hasta dónde puedes llegar en la pose y utiliza la respiración para relajarte es ese punto. Con constancia y dedicación, poco a poco verás tu progreso.

Eli nos comentaba que una de las primeras razones que lo atrajeron hacia el yoga fue el deseo de tocarse los pies sin doblar las rodillas. Pues bien, partamos de la premisa de que como Eli, tal vez  muchos comparten ese anhelo inicial. Para ello, comencemos con una de mis poses favoritas que nos ayuda a lograr este propósito, Parsvottanasana.

Parsvottanasana (estiramiento frontal, versión simplificada)

ParsvottanasanaPárate con los pies paralelos, separados al ancho de las caderas. Levanta los brazos hasta llevarlos a la vertical, con las manos frente a frente. Inhalando, expande el tórax hacia arriba, tratando de separar las costillas y dá medio paso al frente, manteniendo el paralelismo de los pies en la medida de lo posible. Si te sientes muy inestable, puedes girar el pie de atrás hacia afuera buscando estabilidad. Pon especial atención a la estabilidad, empuja los dedos de los pies hacia abajo para lograr mayor agarre al piso.

Exhalando, inclina el tronco llevando los brazos hacia abajo y adelante, tratando de mantener la longitud lograda en el tronco, y evitando que se forme joroba al bajar. Cuida que los brazos se mantengan pegados a las orejas y que las manos lleguen igual de lejos, sino corrige desde los hombros.

Respira un par de veces, buscando profundidad en la respiración y estirando el tronco. Luego inhalando, regresa a la posición inicial y repite el ejercicio cambiando de pie.

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