Así somos. Así es nuestra vida. Así estamos…

Hace unos días alguien me preguntó: De cada foto que haces, ¿cuántas copias esperas vender? Mi respuesta fue automática: ninguna, hago lo que hago por que me gusta, porque siento que de alguna forma aporto algo para que algún día podamos conocer quiénes somos y quizás así, tengamos una mejor sociedad en el futuro… Si vendo una, genial; además, trato de producir «arte», no grabo discos de reggaeton.

Es lamentable, si vemos las estadísticas, nos daremos cuenta de que vivimos en una sociedad en la cual rara vez un individuo ha ojeado un libro distinto al que le exigen en la escuela, pero en su mayoría, todos cantan a coro el último hit del «gangster» de turno. ¿Culpa de la industria? No. Tal vez sea culpa de un sistema que no promueve el simple hecho de conocer de dónde venimos para tratar de entender a dónde vamos, o peor aún, culpa de los mismos individuos quienes defienden causas nobles en redes sociales, se quejan del maltrato a la mujer, apoyan el trato igualitario, pero celebran gritando a voces con un «perrea, mami, perrea» entre fiesta y fiesta. Somos extraños, vivimos en dos mundos, uno de Twitter y uno de verdad.

Soy venezolano, a diario trato de entender en dónde nos equivocamos para estar como estamos, y no hablo solo de Venezuela, hablo de la región. Viajar me ha dado las respuestas. Entre vuelo y vuelo, he coincidido con cientos de personajes destacados (pintores, escritores, intelectuales, científicos, etc.) y los he visto pasar totalmente desapercibidos. En cambio, he salido en vuelos que se han demorado hasta más de 45 minutos porque todos en el avión, hasta el piloto, están haciéndose selfies con algún cantante de reguetón.

En lo personal, creo que nuestro mayor problema es que nuestras mejores cualidades, esas que nos hacen mejores personas, funcionan de forma selectiva. Hablo de la conciencia, el criterio, la razón y hasta la memoria. Elegimos a conveniencia una posición y solo podemos reaccionar o darnos cuenta de algo cuando nos afecta directa, física o explícitamente. Es decir, no somos capaces de detectar, como colectivo, toda una serie de «agresores pasivos» que tristemente abonan y construyen un camino que todos transitamos y, peor aún, que nos llevan directo al lugar que nos dirigimos, ese lugar en el cual todos acabaremos lamentándonos, pero al que vamos felices dentro de un autobús aplaudiendo como focas.

Sonará trillado, pero para obtener resultados distintos, debemos hacer cosas distintas. Rompan los esquemas: en las fechas importantes regalen un libro; en sus muros, reflexionen y publiquen algo más que memes; sean algo más que simples seguidores de una tendencia, creen algo nuevo, traten de aportar algo; por un momento enseñen a alguien, inspírenlo, pero por favor, por sobre todas las cosas, tratemos de generar nuestro propio cambio de conciencia.

En teoría, todos queremos un mejor país. ¿Qué tal si en lugar de querer, nos dedicamos a hacerlo realidad?

Son las 3:00 de la tarde de un día cualquiera, en un avión cualquiera. Mi vuelo debía salir a las 2:25. Tengo un par de semanas fuera de casa, hace calor. Debo terminar este post. Al parecer, finalmente vamos a despegar, el piloto lo logró y tiene su selfie. Quedan unos pocos pasajeros haciendo fila en los pasillos, pero supongo se irán acomodando en la medida en que el avión vaya tomando su lugar en la pista…

Así, somos. Así es nuestra vida. Así estamos…



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