Asunto de intuición

Asunto de intuición

Ilustración de José Alejandro Ovalles [email protected]

A la hora de tomar una decisión ¿a qué le das más importancia, a la lógica o el instinto? Equilibrar la mente y el corazón es lo recomendado, pero conviene también agregarle a la mezcla una dosis de estómago. Es lo que en inglés llaman guts y que a veces definimos como entrañas. Porque si bien el asiento de la lógica está en el cerebro y la pasión se enciende en el corazón, cuando llega el momento de elegir nuestra mente echa mano de otros circuitos nerviosos y regiones del cuerpo. Incluyendo la panza.

¿Cómo saber si te conviene un trabajo, una nueva casa o un viaje? Para tomar la decisión está muy bien evaluar en el plano consciente toda la información disponible y establecer escenarios. Este es un proceso racional que ocurre en las regiones más evolucionadas (y recientes) de tu cerebro y demanda un enorme trabajo. Pero a la vez, y de forma más rápida, también hay una actividad inconsciente en tus regiones más antiguas, o si quieres, más profundamente animales.

“Nuestras mentes funcionan con un sistema operativo que podríamos decir que tiene 100 mil años de antigüedad” nos dijo Elsa Punset en el programa Redes de la TVE. Ese sistema operativo al que se refiere ha tenido gran cantidad de actualizaciones y gracias a ellas hoy podemos lanzar una sonda espacial a Marte. Pero aunque nuestra especie siga desarrollando esa capacidad de pensamiento racional, esto no significa que los sistemas primarios hayan desaparecido. Me refiero a los que desarrollamos hace 10 mil años, cuando nuestros ancestros paseaban desnudos por la sabana africana.

Para ellos era vital desarrollar la intuición, ese territorio silencioso, añejo y que solemos mantener fuera del radar. Más que un don o una capacidad elevada, la intuición es la inteligencia básica de nuestra mente y se expresa al margen del lenguaje o el pensamiento articulado. Ella opera con memorias y estímulos que no somos conscientes de tener pero que hemos recogido de diversas formas.

¿Qué estoy diciendo? Que nuestros sentidos perciben mucho más de lo que creemos. Son puertas siempre abiertas y activas. Una buena parte de la información que recogen se procesa conscientemente, pero hay otra parte que va directo a zonas que operan al margen de la consciencia. Eso no significa que se pierdan, al contrario: alimentan todo nuestro cuerpo. Literalmente.

“La intuición suele manifestarse con emociones y sensaciones físicas” nos dice Elsa Punset. “Los centros emocionales del cerebro y los nervios alrededor del estómago llevan más tiempo evolucionando que el lenguaje”. Es por ello que decimos que las emociones siempre nos dicen algo pues son resultado de la actividad de esas zonas de la mente que no saben de palabras.

Y hay algo más: vista desde esta perspectiva la mente es mucho más que el cerebro. ¿A qué me refiero? Que si bien el pensamiento sucede en la corteza cerebral, este órgano húmedo y encerrado en el cráneo está conectado a un entramado de nervios que reciben y envían toda clase de estímulos de la cabeza a los pies. Y todos ellos en conjunto conforman la experiencia de la mente. No es que pensemos con todo el cuerpo, pero si podemos decir que todo el cuerpo asiste al cerebro en el proceso de pensamiento. Estemos o no consciente de ello. Y en esa poderosa red se encuentra la intuición.

Así que la próxima vez que vayas a tomar una decisión no le cierres la puerta a tu historial evolutivo. La intuición no tendrá el mismo grado de refinamiento que la lógica racional, pero ha estado contigo (y con nosotros como especie) por mucho más tiempo. Y como dicen: más sabe el diablo por viejo…



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