Autoritarismo revestido de ciencia y títulos académicos

Autoritarismo revestido de ciencia y títulos académicos

Profesionales sanitarios en nombre de la ciencia y «chapeando» títulos académicos, a menudo validan métodos de tortura infantil para educar. Abundan pedíatras y psicólogos que recomiendan limitar las necesidades afectivas de los niños para «que no se malcríen». Que prescriben a los padres dejar a sus bebés llorando para que aprendan a tolerar frustración. He visto a una profesional de la psicología dedicada a «orientar» a los padres, emitir en redes sociales lecciones de disciplina y límites para criar a “hijos adaptados” con comentarios (palabras más, palabras menos) como: me doy cuenta de que hago bien mi trabajo de imponer autoridad porque mi hijo se queja de falta de amor por exceso de regaños. Existen pediatras «reputados» que amasan grandes sumas de dinero escribiendo manuales de tortura para obligar a dormir a los peques en solitario toda la noche de un tirón, y que muchos padres corren a comprar convirtiéndolos en bestsellers.

Para mí, es evidente que tener un título universitario en psicología o pediatría no es recaudo suficiente para ser experto o experta en necesidades psicoafectivas infantiles, ni prepara a profesionales empáticos y sensibles sobre el derecho del niño a ser respetado en su integridad como persona.  Es lamentable que  en nombre de la ciencia y de la academia se descalifique y se reprima el sentido común y la sabiduría intuitiva de progenitores y personas en general cuando naturalmente se dejan guiar por los pedidos de las necesidades naturales del niño.

Es muy triste  que sintiéndose inmunizados tras la cuota de poder de un título universitario, ciertos profesionales -sobre todo de la conducta-  desaten campañas en contra de personas a quienes atacan ferozmente, insultan y amenazan públicamente  cuando se atreven a disentir de sus teorías para hablar desde el punto de vista del niño.  Parece que perdimos de vista el hecho de que si no existieran seres humanos capaces de cuestionar los idearios y condicionamientos de la civilización, aún estaríamos en la Edad Media.

Dice la autora Laura Gutman, desde su mirada siempre preclara y lúcida, capaz de llegar al núcleo de las profundas heridas causadas por este orden adultocentrista que domina nuestro planeta, que un déficit importante en las universidades, consiste en no enseñar a pensar, con lo cual muchos profesionales terminan repitiendo lo que dicen sus profesores. Agrega la Gutman,  y coincido plenamente con ella, que el nivel de prejuicio que circula entre los profesionales, (especialmente de la conducta) es francamente abrumador… Que se repiten estupideces nacidas del más acérrimo autoritarismo generando opiniones irreversibles asumidas como verdades reveladas sin la humildad de observar qué pasaría si nos atreviéramos a ver más allá de las narices… Concluye la Gutman que el hecho de que los padres necesitemos de dichas opiniones retrógradas para sentirnos seguros respecto a nuestros hijos «delata la inmadurez emocional de la cual procedemos.»



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