Ave Fénix

Y mientras dormía en los laureles de mi depresión tuve una epifanía: tenía todo para ser feliz a pesar de la enorme adversidad que atravesaba con mi hijo Jorge Mario. Las cartas de mi vida se barajeaban a gran velocidad; lo único que yo podía sentir era cómo todo estaba “de cabeza” en mi mundo. Yo aún no lo sabía, pero mi vida estaba en camino a la reconstrucción.

Cuando tienes un hijo con capacidades diferentes no solo nace un bebé, sino que nace una familia entera. Por eso se revoluciona toda tu vida de arriba abajo y de derecha a izquierda, todo lo que era ya no será y, lo que creías que sería tampoco será así.

Es darnos cuenta de que la vida sigue a pesar de todo e indudablemente ninguno de nosotros sabe lo que es capaz de hacer y de afrontar hasta que no se le presenta cierta situación en su vida.

He escuchado muchísimas personas que me dicen: «si yo hubiera tenido un hijo con alguna discapacidad ya estaría muerta», !!Ahora puedo decir que yo me muero, pero de la risa!! Y creo por eso mismo no lo tienen, porque, tal vez, en realidad no sean capaces de poder sobreponerse a esta situación y sacar adelante a su hijo.

Luego de varios meses de separación entre mi esposo y yo, nos sentamos a dialogar acerca de nuestro futuro y decidimos darnos una oportunidad por nosotros y por nuestra familia. Comenzamos a acomodar todo para que Jorge Mario y yo regresáramos de nuevo a vivir a la ciudad de Chihuahua.

Buscamos otra casa y fue justo ahí que encontramos, sin buscar, una familia formada por tres miembros: papá, mamá e hijo. Ellos eran nuestros vecinos. Al pasar de los meses ellos se convertirían en lo que llamamos «familia del corazón».

Recuerdo perfectamente aquel día cuando fui a tocar a su casa y me abrió una chica que estaba con su bebé de algunos meses de edad. Le dije: «hola, soy tu vecina, mi nombre es Mayela y mi hijo se llama Jorge Mario». Ella dijo: «mi hijo se llama Carlitos y yo Vanessa». Ya platicando me dijo que ellos venían de la ciudad de México por motivos de trabajo.

Ese día fue el principio de una hermosa y sincera amistad. Ellos se convirtieron en nuestro apoyo de muchas formas; nosotros, al igual que ellos, no teníamos en la misma ciudad a nuestra familia. Creamos un gran lazo de amor, apoyo y compañía en los momentos buenos y sobre todo en los no tan buenos. Sin duda, esa época con ellos la recuerdo con mucho cariño. Mil gracias a ti, querida Vanessa, que muchas veces me ayudaste a levantarme cuando me sentía perdida, por aquellas largas charlas hasta la madrugada con las que me hacías sentir mejor. A ti, Carlos, que te convertiste en un gran amigo y apoyo para Jorge y para mí. A ti, Carlos Eduardo, que en aquel tiempo eras un niño de la edad de Jorge Mario y se convirtieron en compañeros diarios de juegos.

Los años que compartimos fueron hermosos y tienen un lugar muy especial en mi corazón. Los queremos mucho y siempre recordamos.

Ya instalados en nuestra nueva casa, Jorge Mario se reintegró a sus terapias y poco a poco Jorge y yo nos reencontramos como pareja y nuestra familia se fortaleció. Aprendimos a vivir como una nueva familia a pesar de todo, y lo que antes nos separó ahora nos uniría más. Para mí fue como aprender a vivir de nuevo y darme cuenta de que aún tenía una vida a mi alrededor.

Cuando tocas fondo es un momento de reflexión para meditar que hay que cambiar en nuestra vida, partir de cero, volver a comenzar. Es resurgir de las cenizas cuando se está en lo más profundo del pozo.

Eso fue sin duda alguna mi renacer como el ave fénix.



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