Ayahuasca: Medicina Ancestral

Tenía tiempo interesado en tomar Ayahusca, de esos asuntos que tienes en mente, pero por falta de compañía no terminas de hacer, es tonto, lo sé. Afortunadamente un par de grandes amigas me invitaron a vivir la experiencia con ellas y fue la excusa perfecta para inscribirme. Primera recomendación, no deje que pase el tiempo, no espere al familiar o amigo que quizás nunca lo acompañe, si le interesa, tome acción así como lo hace a diario para comer y beber. Recibir la medicina chamánica es un proceso personal, usted merece ejercer su total independencia, más aún en temas espirituales.

¿El espacio? Galipán. Literalmente, Espacio Galipán, la casa de Mary Carmen Padrón, el lugar perfecto para la ceremonia. La belleza de las instalaciones es sólo superada por el paisaje y el clima. Antes nos habíamos reunido en el Hotel Ávila, punto de encuentro desde donde sale el transporte cargado de 10 personas por viaje. Allí pudimos ir conociendo parte del personal que rebosa simpatía. Personas felices, felices en verdad, es lo que se nota, se siente, esa atmósfera de amor tiene como fuente cada uno de los que presta servicio en el evento. Impecablemente organizado, debo decir.

A eso de las 8:00 pm llegamos al sitio, muy por encima del valle de Caracas, donde la misma Mary Carmen es quien atiende a los recién llegados. Recibe el dinero o el comprobante de transferencia y le da a cada quien una bolsa.  Ahí me abordó la duda…

– Disculpe, señora, ¿para qué es la bolsita?

-Para el alivio.

-¿El alivio?

-Es posible que en algún momento sientas nauseas y ganas de vomitar.

-Pero, ¿es obligado vomitar?

-No, para nada.

En ese caso, yo no iba a hacerlo, por Dios, ¡qué vergüenza vomitar frente a ese grupo de desconocidos! Inocencia de novato que sería robada en las próximas horas.  Sólo tomé la bolsa por obedecer y me senté en el salón donde la gente se acomodaba formando un gran círculo sobre sus mats y cobijas, listos para pasar una intensa jornada nocturna. Los amigos Daniel dan la cordial bienvenida. Comparten nombre y filosofía, pero con distinto humor, cada quien gracioso a su estilo. Apropiada manera de romper el hielo cuando se notan los nervios y expectativas de quienes asisten por primera vez.

Alrededor de las 11:00 pm hacen el primer llamado para administrar Tabaquillo, un polvillo soplado en cada fosa nasal con el fin de descongestionar y preparar el cuerpo para recibir la medicina. Me tomó por sorpresa esa sensación. Aquí no puedo escribir la palabra que dije tras la primera inhalación. Provocaba rendirse y bajar de Galipán a pie. Es un ardor con piquiña que hace brotar lágrimas al instante y, efectivamente, deja las vías respiratorias como nuevas. Por fortuna la incomodidad pasa justo cuando ofrecen la primera dosis de Ayahuasca.

Se hacen dos pequeñas filas, ya que sólo hay 40 personas, y al llegar a la mesa principal, preparan la sustancia, la bendicen y la ofrecen. Se trata de una pequeña vasija con un líquido oscuro, dulce y amargo que se debe ingerir por completo para luego sentarse y vivir la experiencia. Es un sabor bastante peculiar que se mantiene en el paladar por largo rato. Empecé a meditar profundamente en el salón oscuro iluminado por algunas velas. La orden es no dormir, aunque inevitablemente hubo quien lo hizo y armonizó sus ronquidos con la tos, estornudo y llanto de otros presentes. A la 1:00 am hacen el llamado para la siguiente dosis que era opcional. Incluso se puede tomar hasta tres veces durante la noche, pero depende de cada quien y la necesidad que tenga. Como aún no había vivido algo trascendental ni me había “aliviado” (como escuché a otros hacerlo), decidí repetir la medicina. Al levantarme y hacer la cola empecé a sentir la necesidad de usar la bolsa y así fue, llegó el alivio. De igual forma tomé la segunda dosis para recuperar lo perdido, pero la verdad es que ya había iniciado el viaje.

Sentado nuevamente la experiencia alcanzó otra intensidad. Algo que incluso podía sentirse a nivel físico. Un fuerte hormigueo en las extremidades y latente vibración, aunque en un punto sentía que no podía moverme, como si todo lo que fuera a pasar debe suceder dentro de las fronteras del cuerpo. A pesar de estar a oscuras con los ojos cerrados, nunca la pantalla está negra. Son imágenes vivas y abstractas. Surrealismo. Después de todo, Ayahuasca significa “liana o soga que une el mundo de los vivos con el de los muertos”. Compartiendo experiencias, hubo quien se vio a sí mismo como una fuente de luz y de igual manera veía a los demás. Algunos adquirieron el ojo de Picasso y lograron ver rostros con orejas y narices donde no deberían estar. Aparecen viejos amores, familiares desencarnados, seres desconocidos, cada persona lidia con todo lo que alberga, aliviándose eventualmente de lo más dañino, de las enfermedades emocionales y espirituales que empiezan a ser curadas con la medicina de la misma forma que se hacía milenios atrás.

No conforme con lo que estaba viviendo al momento, decidí probar otra medicina sagrada llamada Rapé, la cual nos habían advertido que era más fuerte que el Tabaquillo y, por supuesto, estuve negado a tomarla desde un principio, pero luego explicaré qué me llevó a ser el único en aceptar la oferte esa noche.  También brindaré información sobre lo que pasa en nuestro cerebro durante la administración de estas sustancias.  Por lo pronto les facilito el link de inscripción para la próxima ceremonia a finales de este mes para quien esté interesado en protagonizar su propia experiencia.

¡Buena pinta!



Deja tus comentarios aquí: