¡Ayúdame, yo solo no puedo!

Pedir ayuda cuesta, ya que involucra reconocer e identificar sentimientos  que a veces los  tenemos guardaditos muy adentro de nosotros. Recuerdas aquella situación que estabas descargando las bolsas del supermercado del coche y al subirlas al ascensor un vecino se ofreció a tenderte una mano…, y le contestaste: “Gracias,  ¡pero yo puedo!”. Sin embargo, a  medida que caminabas.., ¡se te iba cayendo la mitad de la compra! Y entonces.., ¿Por qué no le aceptaste la ayuda?

El pedir ayuda implica reconocer que tenemos limitaciones y no podemos hacerlo solos y necesitamos la ayuda de otra persona, algo que en ocasiones nos aporta un sentimiento de vergüenza, incapacidad o de no ser suficientes dependiendo de la situación. Estos sentimientos nos hacen sentir incomodos con nosotros mismos y decidimos aislarnos, escondiéndonos en nosotros mismos en vez de pedir ayuda.  ¡Y eso no es todo!, cuando alguien que conocemos se nos acerca y nos pregunta si estamos bien, en vez de decirle lo que nos pasa o por lo que estamos pasando le decimos: “No, no me pasa nada” y seguimos viviendo…, o mejor dicho.., ¡sobreviviendo!

En ocasiones es complejo entender por qué no pedimos ayuda. A veces, tenemos miedo a que  los demás nos vean tristes, ya que nos perturba la idea de que nos encasillen de débiles. Así que, evitamos enseñar nuestra vulnerabilidad ocultando nuestro sufrimiento, negándolo o disimulándolo.  En otras ocasiones, el orgullo y la vergüenza no nos lo permiten, ya que no queremos reconocer que las circunstancias han podido con nosotros, y menos aún que las demás personas se den cuenta de ello.  

ayudameTambién existe la creencia de pensar que tenemos que tener la fortaleza y sabiduría para enfrentar el mundo y sus dificultades sin la ayuda de nadie. Esta errada autosuficiencia, que proviene de la manera que nos han criado y la sociedad en la que vivimos,  nos puede llevar a tirar la toalla por frustración, por creencias falsas, que lo único que hacen es impedirnos alcanzar nuestros objetivos.        

A lo largo de nuestras vidas vamos a pasar por dificultades importantes, en las cuales necesitamos de apoyo de otras personas y es clave pedir ayuda. El apoyo de familiares, amigos o incluso de profesionales hará que nos sintamos respaldados. Además la opinión de los demás nos puede ayudar a ver diferentes vertientes y perspectivas que nos pueden ayudar para solucionar el problema por el que estamos pasando. En ocasiones, el hablarlo con alguien nos ayudara a ver las cosas de una manera más objetiva y a veces, ver que las cosas no son tan graves como parecían y si lo son…, no tenemos que afrontarlos solos, a no ser que.., ¡así lo deseemos!

Pedir ayuda no es signo de debilidad, al contrario puede mostrar determinación, humildad y fortaleza para cumplir nuestro objetivo. Recibir ayuda no nos hace débiles, nos hace más humanos y menos orgullosos al reconocer “que no podemos solos”. Al fin y al cabo vivimos en un mundo interconectado que todos necesitamos de todos en mayor o menor grado. Así que, es importante que empecemos a derribar el mito de que “tenemos que hacerlo solos”.

El pedir ayuda implica conocerse a uno mismo, saber nuestras limitaciones y estar dispuestos a aceptarlas. Si tú eres una de las personas que le cuesta pedir ayuda pregúntate que es lo que está impidiendo hacerlo y recuerda que…, siempre tienes la opción  de decir: “¡Ayúdame, Yo Solo No Puedo!”.

 



Deja tus comentarios aquí: