Ayudando a sentir

Vivimos en una época en que los días pasan sin darnos cuenta. Se nos va la vida en rutinas, social media y ver qué vamos a almorzar mañana. Aunque prácticas como el yoga, que nos ayudan a conocernos, escucharnos y cuidarnos se han hecho populares, pareciera que ‘tener sentimientos’ es cada vez más tabú a nivel mundial.

Decirle a las personas que nos rodean lo que sentimos, es ‘una intensidad’. La nueva manera de conectar con el resto de los seres humanos es a través de las redes sociales, posteando citas textuales (quotes) de aquellos que sí se atrevieron a expresar su amor, su rabia, su orgullo, su tristeza.

En el último mes, varias personas que vagamente conozco (hombres y mujeres), me han contactado para simplemente, hablar. Hablar de lo que sienten en sus relaciones amorosas, de trabajo y hasta con sus hijos. Todos están ahogados con los sentimientos atrapados en la garganta.

El común denominador, es la ansiedad generada por la vulnerabilidad. Saber que al comunicarse directamente con la fuente generadora de ‘x’ sentimiento, quedarán completamente expuestos e impotentes ante la reacción que pueda tener la otra persona y lo que pueda llegar pensar de ellos si, por ejemplo, dijeran ‘Me siento feliz contigo, creo que te amo.’

No necesariamente tenemos que ser la Madre Teresa o Lady Di, ni viajar a Africa para ayudar a alguien. Sólo tenemos que prestar atención y observar nuestro entorno. Estar dispuestos a conectar con otra persona y empatizar con su situación.

Ayúdate para ayudar

Nunca sabemos de qué manera podemos impactar la vida de alguien más. Un consejo, un abrazo, una sonrisa en el momento adecuado puede representar un milagro para otra persona. Pero tenemos que tener en cuenta el libre albeldrío y a veces, tratar de ayudar a los demás puede ser tan frustrante como gritarle al televisor, porque en la película ‘ella’ se está yendo con el que la está engañando.

El primer paso para ayudar es escuchar o conocer el problema. En este momento, eres un recipiente y debes procurar que sea un recipiente impermeable, es decir, que lo que sea que va a llenar esa vasija, no te salpique. Los terapeutas, médicos, psicólogos y psiquiatras, saben de esto muy bien. Una cosa es empatizar y otra muy diferente es involucrarse.

No des lo que no tienes. Si te sientes bajo de energía, no temas posponer la conversación. Sugiere algún otro momento en el que tu ayuda y tu ánimo sean óptimos.

Respeta la decisión de quién solicitó la ayuda. Muchas veces nos sentimos impotentes, luego de aconsejar a alguien, y ver que tomó decisiones poco saludables (por ejemplo, una mujer que siendo abusada por su pareja, vuelve con él ‘por amor’). Tenemos que entender que el proceso de cada quien es diferente. Haz tu parte lo mejor posible, sin emitir juicios.

Sé vulnerable. No puedes predicar lo que no practicas. Intenta abrir tu mente y tu corazón con las personas de tu vida. La vulnerabilidad puede ser aterradora, pero hay maneras de exponernos, unas más sutiles que otras, y salir ilesos. Expresa tus sentimientos de la mejor manera posible a quienes te rodean.

Lo que los demás piensen de ti, no debe afectarte. Hace poco un muy buen amigo me llamó desesperado pidiendo un consejo laboral. Yo le ofrecí mi conocimiento, lo que sé que él necesitaba saber. Sus amigos (ignorantes del problema) se burlaron (de mí) y él descartó la información. Pero aún me escribe para quejarse del mismo asunto. Y es otra cosa para entender, que no puedes ayudar a quien no quiere ser ayudado.

Confidencialidad. A menos de que otra persona pueda también colaborar, nunca cuentes a nadie acerca de los problemas de quien ayudas.

Cultívate con información relevante al tema que te confían, así podrás ser más eficaz ayudando a solventar algunos problemas. A mí me gusta ver las charlas Ted pues son educacionales, entretenidas e inspiradoras.

No lo tomes personal. Así sea tu pareja/familiar/amigo a quien estás ayudando, debes tratar de tomar distancia y ser lo más objetivo posible.

Por supuesto, si sientes que el asunto se sale de tus manos, sugiere la visita a algún profesional competente, sin ser brusco en tu propuesta.

Invita a tus amigos, familiares o compañeros de trabajo a tomar un café y eviten el uso del teléfono durante el encuentro. Conecta con los demás.

Por mi parte, yo sigo escuchando a quienes me rodean; es mi manera de ayudar. Si siento que puedo aportar un poco más, doy mi opinión, envío links relevantes y busco más información. Y aunque yo no soy una experta, soy una humana. A veces lo que necesitamos hoy en día, en medio de tanto estrés y tanta tecnología, es un poco de humanidad.



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