Ayudar y ayudarnos

Ayudar es todo un arte, como cultivar el intelecto y la imaginación para poder pintar o escribir obras que sean capaces de dar al que las ve o las lee grandes momentos de intimidad. Esta es la realidad de la ayuda, solo podemos dar aquello que nos es posible, y el otro solo debe estar dispuesto a recibir lo que tengo para dar. El primer desorden se hace presente cuando queremos dar lo que no tenemos y el otro desea recibir lo que no necesita. Un clásico ejemplo es el hijo que por estar ayudando a su madre e interviniendo hasta en las decisiones propias de ella, pone en riesgo su propia vida. Cuando la madre permite y mantiene al hijo a su lado, ella tampoco es libre. En este caso, ambos dan sin límites y ambos quedan enredados en el sistema, generando consecuencias posteriores. El dar y el tomar tiene sus límites y el arte de ayudar consiste en reconocerlos y sostenerse en ellos.

En este camino de compresión existen órdenes de la ayuda que nos dan guía para reconocer nuestra actuación en un caso, y saber también cuando retirarnos. Estas órdenes son:

      1. Solo doy lo que puedo dar, mas espero y tomo aquello que necesito. Esta forma de ayuda es humilde, renuncia a la exigencia y al dolor. Sin drama, el drama pasó de moda.
      2. Para ayudar a otros, sólo me someto a las circunstancias y actúo hasta donde éstas me lo permitan. De lo contrario estoy interfiriendo en el destino del otro y de su sistema, renunciando a que el otro pueda ver la resolución de su caso (ego).
      3. Sólo puedo prestar ayuda como adulto y lo puedo hacer hacia otro adulto. Si quien ayuda se coloca en la posición de padre eterno, se pierde la línea invisible de la ayuda, porque regresa a quien está siendo ayudado al estadio de niño, y desde allí no hay ayuda posible.Cada uno debe ser responsable de su vida.
      4. En los órdenes de la ayuda sólo puedo ser objetivo y efectivo cuando no establezco una conducta cercana y personalista con el ayudado (Transferencia del terapeuta).

Las constelaciones familiares están solo al servicio de la reconciliación, y en este sentido el terapeuta o “ayudador” solo puede estar al servicio desde la reconciliación dentro de sí mismo y de corazón abierto. Lo que está al servicio no juzga (yo soy otro tú y tú eres otro yo).

Gracias a Bert Hellinger por este legado de tan incalculable aporte a la humidad.



Deja tus comentarios aquí: