Ayuno: relación cuerpo y mente

Ayuno: relación cuerpo y mente

Aunque hoy en día el tema del ayuno se ha puesto de moda, su práctica ha formado parte de nuestra cultura y sociedad desde la antigüedad, y tiene muchas más implicaciones más allá que únicamente el acto de restricción, sacrificio, pasar hambre o de abstenerse total o parcialmente de comer o beber. Hay una relación cuerpo-mente con esta práctica, y por esto la mayoría de las religiones la utilizan.

– Para los católicos, el período de tiempo que implica la cuaresma es en el que -para los más tradicionales- se practica una reducción significativa de la cantidad de comida consumida en el día, y además se propone un ayuno el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.
– Para los judíos, existen varios días al año en el que realizan ayunos, el más importante es el día de Yom Kippur, en el que se abstienen tanto de comida como de agua.
– En el islam, existe el mes de Ramadán, en que las personas realizan un ayuno desde el amanecer hasta la puesta del sol.

Durante estos días festivos el ayuno es realizado durante un momento de reflexión, rezo y reunión familiar, personal y espiritual. El ayuno, más allá de un castigo autoimpuesto, es una práctica de limpieza no solo del cuerpo, sino también de la mente y el espíritu o alma. “El ayuno es la más grande terapia de curación natural, es un remedio antiguo y universal para muchos problemas utilizados instintivamente por los animales cuando están enfermos y por culturas anteriores para la curación y purificación espiritual” (Haas, 2012 p. 40).

Como terapia de curación hoy en día se habla de ayunos terapéuticos, por ejemplo, como tratamiento coadyuvante para el cáncer o para enfermedades inflamatorias del intestino (enfermedad de Crohn, colitis ulcerosa, etc.). Por ello, decimos que el ayuno es una práctica con beneficios tanto para la mente como para el cuerpo, así como la relación que existe entre el intestino y el cerebro.

Existen diversos tipos de ayuno, entre ellos los más importante son:
– Ayuno intermitente: se refiere a períodos de ayuno durante un mismo día o durante varios días a la semana, pero de manera intercalada. Es una práctica que puede realizarse de forma habitual.
– Ayuno prolongado: hace referencia a períodos de ayunos de varios días, más de tres y hasta cuarenta días, pueden estar acompañados con jugos verdes o solo con agua. Es una práctica que debe estar asesorada por un nutricionista y necesita entrenamiento.

Algunos consejos finales:

Lo primero que tienes que hacer es preguntarte por qué quieres iniciar esta práctica. Ya sea de forma intermitente o prolongada, cuando buscamos realizar un ayuno, más allá de alguna razón estética, le podemos sacar un mayor provecho. Si solo lo vemos desde un punto de vista físico (por ejemplo, perder peso), el reto de implementar la práctica de ayuno intermitente o hacer un ayuno prolongado se puede ver muy pesado o como un reto muy grande, pero si lo vemos como un medio para lograr algo más (como por ejemplo, recuperar mi bienestar y salud al permitir que mi cuerpo-mente trabaje mejor o darle un descanso a mi tracto digestivo para que se regenere y pueda digerir mejor) que incluya no solo una motivación física, sino también de crecimiento personal y espiritual, esto nos ayuda a tener una mejor visión o mindset.

Toma en cuenta que el realizar ayunos, dependiendo de la persona, puede producir sensación de incomodidad, y a otras les puede ofrecer más energía. Por ello, cuando necesitamos un buen motivo para hacer estas prácticas es necesaria una asesoría adecuada y estar en un momento tranquilo para superar esas sensaciones, porque tenemos un objetivo mayor.

Cuando ayunes, no solo hagas ayuno de comida, también toma un reposo de otras actividades cotidianas como: desconectarte de las redes sociales, evitar realizar actividades extenuantes y descansar suficiente.

Busca asesoría, no realices ayunos prolongados por tu cuenta, trata de buscar una guía o mentor y un grupo de apoyo. Por eso, muchas religiones que hacen ayunos semanales o periódicos lo hacen en grupo porque de esta manera es un poco más fácil, pues hay un soporte, personas que están viviendo lo mismo que tú y personas con experiencia en realizarlo.

Cuándo no es recomendable realizar ayunos:

– En un momento estresante porque esto aumenta la liberación de cortisol y favorece el apetito, por tanto, pierde efectividad todo lo que estás tratando de hacer: ayunar, realizar tus actividades cotidianas, etc.
– Realizarlos por tu cuenta, sin estar informado, sin la asesoría adecuada.
– Si presentas una disbiosis fuerte o una intoxicación por metales, ya que puede favorecer la aparición del efecto day-off (es cuando estos tóxicos son liberados en el torrente sanguíneo).
– Si tienes problemas con tu vesícula biliar, hacer ayunos prolongados no es lo más recomendable.

Imagen de braetschit en Pixabay 



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