¿Bailarines con atención plena y compasión?

¿Bailarines con atención plena y compasión?

La vida del bailarín parece un sendero plagado de obstáculos y dificultades. Imaginamos situaciones externas que parecen plantarse de manera despiadada frente a sus objetivos o cualidades personales llevadas al límite como la tolerancia, la paciencia y la resiliencia.

Entonces, podemos pensar en Maia Plissetskaia, Julio Bocca o Paloma Herrera, y soñarlos sobándose las pantorrillas y curando los callos, vendando los esguinces y apretando los dientes para seguir.

También podemos recordar películas como Flashdance o El cisne negro, filmes que nos dejaron impresionados con la sacrificada vida de los bailarines. De alguna forma, este ámbito es intrigante para nosotros, y quizás nos hace recordar a los deportistas de alto rendimiento, quienes desafían continuamente sus límites físicos y psíquicos.

Pero en esta “era fit”, como la denomina la Lic. Yvonne Jaureguialzo, psicóloga y profesora de danza, encontramos personas de todas las edades que danzan como un hobby y que “no solo realizan esta actividad para ejercitar, sino que también se forman y aprenden esta disciplina sin la necesidad de dedicarse a ello profesionalmente”, agrega la joven profesora.

Autoexigencia y habilidades mindfulness

Yvonne quiso aprovechar su posibilidad de acceder a bailarines para realizar una investigación en el marco del posgrado en mindfulness y sus aplicaciones terapéuticas de la Universidad Favaloro, que dirijo.

Así, intentó medir tres variables en dos grupos de 25 personas cada uno (de entre 18 y 40 años), un grupo de bailarines profesionales y uno que realizan la actividad como hobby. Las variables a medir fueron:

  • Capacidad mindful: estar atento al presente con apertura y aceptación.
  • Autocompasión: darnos a nosotros mismos el mismo cuidado, consuelo y serenidad que de forma natural hacemos llegar a quienes queremos cuando sufren, cuando fracasan o cuando se sienten inadecuados. Esta es la reacción contraria a la que usualmente tiene el ser humano cuando se encuentra frente a un conflicto: autocrítica, aislamiento y ensimismamiento.
  • Ansiedad: estado mental que se caracteriza por una sensación de inquietud, una intensa excitación e inseguridad. Según Thich Nhat Hanh, un referente mundial en la práctica del mindfulness, “la ansiedad es, sin dudas, la enfermedad de nuestro tiempo y surge de la incapacidad de convivir con el momento presente”.

La hipótesis de la profesional fue la siguiente: “A mayor profesionalismo, menor capacidad mindful, menor autocompasión y mayor ansiedad”, creyendo que “a medida que aumentaban las exigencias, disminuía esta capacidad de estar conectado a lo que uno está haciendo, disfrutando del momento, del proceso, sin orientarse a los objetivos finales, pudiendo estar en el aquí y ahora; y aumentaba la ansiedad por el contexto en el que los bailarines se mueven (audiciones, espectáculos, presentaciones)”, menciona Yvonne.

Resultados

“Los resultados de este esbozo investigativo (el número de casos es bajo, pero sirve como una pequeña muestra) y de las escalas administradas refutaron la hipótesis planteada”, nos cuenta la profesora, “ya que los bailarines profesionales presentaron mayor capacidad mindful que los del otro grupo, y en las otras dos variables (autocompasión y ansiedad), presentaron los mismos valores.

Comparados ambos grupos con personas de otras latitudes en los mismos test, no parecen presentar diferencias significativas tampoco.

Estos resultados, si bien solo representan una pequeña muestra, ponen en duda la disminución de las habilidades mindfulness, la autocompasión y el aumento de la ansiedad en profesionales de la danza, y quizás abren varias posibles líneas de investigación. Ivonne se pregunta: ¿pueden deberse los resultados más a la personalidad previa de los sujetos evaluados que a las características de su entrenamiento (profesionalismo)? ¿Puede que la danza, a pesar de implicar exigencia máxima, no “lesione” las habilidades psicológicas de los bailarines? Mucho queda por explorar, pero, en principio, no pensemos que quienes entrenan en la danza la pasan tan mal. Probablemente Natalie Portman, la bailarina del Cisne negro que encarna a Nina Sayers, ya traía sus conflictos mentales antes de conocer la danza… ¿quién sabe?



Deja tus comentarios aquí: