Bajo mi piel

Y el pobre Patito Feo, perdido y sin rumbo, adoptaba el modo de unos y de otros con tal de sentir que pertenece, aunque en nada se asemejara. Buscó por doquier el mundo al que pertenecía y después de perseverar, superar muchos rechazos, sufrimiento y soledad, descubrió la belleza ignorada que llevaba dentro de sí. Encontró, al fin, su identidad.

Sí, a veces es bueno hacer un alto a la vera del camino y observar a los demás, revisar el camino andado, mirar el sendero con ojos francos para poder determinar si ese horizonte que se abre ante nosotros está acorde con la realidad de lo que dijimos deseábamos hacer y alcanzar o si, en algún momento de distracción, penetró el delirio de la fantasía y el cuento.

Puedes llenar la alforja de cuanto te ofrezcan y propongan de bueno y variopinto, aceptar honores, negociar con tus valores, pero implacablemente nos llevará a conectarnos con situaciones o personas que poco o nada pueden aportar a la realización de nuestros propósitos. Esto tiene la triste propiedad de agotar nuestras fuerzas y energía creativa mucho antes de que podamos emplearlas. Nada drena más que el esfuerzo nacido de las emociones disfuncionales que nos balancea de un polo a otro, zarandeándonos como si fuésemos muñecos de trapo. Cuando nos damos cuenta de la naturaleza de la decisión que tomamos, ya estaremos en agonía letal y con la mas falsa e ilusoria de las ideas: ir en busca del tiempo perdido y rescatar lo que dejamos atrás.

¿Cómo podrás, en este estado de confusión, dar la cara cuando te sorprendan situaciones reales?

Estas circunstancias surgen y no importa cuán recia sea tu voluntad, vas a transitar por un camino difícil cuando éstas sobrepasen tu capacidad, ahora mermada por andar, irresponsablemente, de aquí para allá, dando tumbos. Enfócate.

En el Fausto de Goethe, figura un conmocionado Diablo que protesta ante el Señor Dios por los pocos privilegios que le han sido conferidos. «¿De qué te quejas?», le pregunta sorprendido el Señor. «¡Te he dado al hombre!» El Diablo, afligido como todo pobre diablo, responde: ¨Señor, es que lo he visto tan mortificado que siento piedad de él¨

Toda separación de nosotros mismos nos llevará a estar separados de la fuente dadora desbordante de vida y producirá un arduo vivir, abundante de encuentros inútiles e inservibles y generoso en desencuentros de todo aquello que anhelamos y verdaderamente queremos para crear nuestra historia personal. En vez de estar rebosantes de dicha, paz y confianza, somos un cúmulo de desconcierto, temor y desprecio. Es más fácil desconfiar y dejar de creer que aceptar, aprender y corregir.

¿No te parece que bien valdría la pena evaluar los medios que nos permita abreviar el infortunio?

Ante nosotros hay una montaña mágica, el verdor de árboles suavemente iluminados cada día, donde podemos reposar un rato, recargar fuerzas, renovar las esperanzas y rescatarnos de donde nos hayamos perdido.

Tal vez tengas la suerte del Patito Feo y cuando retomes el camino, descubres al fin ante ti un sendero amable, hermoso, pleno de oportunidades donde seres seguros, afables y bondadosos te dan la bienvenida, porque aun en la ignorancia, somos como ellos.



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