Basta una historia

“Papi, cuento inventado” suelen decir mis hijas al final de la noche o cuando vamos al colegio. Y yo fascinado invento: viajes al fondo del mar, vuelos en globo, Don Quijote de vacaciones o Scooby Doo ante la momia verde. Entre nosotros basta una historia para invocar el sueño, darle rienda suelta a la fantasía y alimentar el amor.

Pero ahora habrá algo más. Los cuentos también serán una puerta para que ellas entren a mi mundo interior.

Estoy leyendo “Padres brillantes, maestros fascinantes” de Augusto Cury, donde el psiquiatra brasilero nos invita a educar el universo emocional de los jóvenes y no sólo su intelecto. “Los padres brillantes dan a sus hijos algo más valioso que el dinero: su ser, su historia, sus experiencias, sus lágrimas, su tiempo”. Tiene razón Cury al decir que la verdadera educación comienza por entrar en el mundo del otro, porque cuando los hijos conocen nuestras emociones y nosotros las suyas dejamos de ser unos extraños.

Un padre lee un cuento a su hijoUna forma es pasar de la conversación al verdadero diálogo. “Conversar es hablar sobre el mundo que nos rodea” dice Cury, “dialogar es hablar sobre el mundo que somos”. ¿Ves la diferencia? Una sólida educación emocional comienza por revelarles nuestras propias dudas, tristezas y alegrías. Así tendrán un claro ejemplo de cómo relacionarse con sus emociones y pensamientos.

Y es aquí en donde entran los cuentos. Porque una cosa es brindarle información a nuestros hijos, y otra mucho más poderosa es compartir nuestras historias. “Los padres que son narradores no tienen vergüenza de valerse de sus errores y dificultades para ayudar a sus hijos a zambullirse dentro de sí mismos y encontrar su camino”. ¿Qué mejor que compartir con los hijos nuestra propia búsqueda? Basta una historia para que en el universo de las metáforas y las imágenes podamos dejarles un aprendizaje para toda la vida.

Así que para esta noche ya tengo varias ideas. Comenzaré por el miedo a la oscuridad y quizás invente algo sobre la primera vez que volé en parapente. Y cuando Andrea me diga bostezando “ahora uno de Tom & Jerry”, pondré al gato y al ratón en una isla verde y montañosa tras el tesoro del pirata barrigón. Quizás sea una buena excusa para hablarles de las perlas más valiosas que existen: las palabras que sembramos y que algún día serán los frutos que compartirán con el mundo.

 



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