Beber en exceso o «binge drinking»

En épocas de graduaciones hay algunos conceptos que es bueno que conozcamos con la finalidad de estar prevenidos y tener las herramientas necesarias.

Es costumbre que en Estados Unidos, en Europa y en muchos otros países, los jóvenes tomen como hábito hacer celebraciones en las que el consumo desmedido de bebidas alcohólicas es parte medular de las fiestas. A esta mala práctica se le conoce en inglés como «binge drinking», término que hemos traducido en nuestro idioma como «consumo episódico intenso» de alcohol.

Este consumo nocivo que busca alcanzar la embriaguez rápidamente, hace que la ocasión de consumo se convierta en un episodio de muy alto riesgo; riesgo para ellos mismos y para quienes se encuentren a su alrededor dado a: su corta edad, la velocidad y cantidad de alcohol que toman.

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La adolescencia se caracteriza por cambios importantes en lo físico, lo fisiológico y lo psicológico. El cerebro continúa madurando, las hormonas empiezan a afectar más notoriamente el cuerpo y los comportamientos empiezan a volverse más audaces, más desafiantes, más emotivos. Los jóvenes buscan situaciones de riesgo y tienden a desafiar las normas y costumbres, para experimentar emociones. A esto se le suma lo difícil que es mantener los límites en su comportamiento.

En muchos casos, estas características los llevan a consumir de manera exagerada; lo cual tiene consecuencias negativas, tanto inmediatas, como en su futuro, porque, entre otros aspectos, el cerebro de los jóvenes no ha alcanzado su completo desarrollo. Si hay un consumo del alcohol y más de manera abusiva, esto pudiese afectar el proceso de maduración que requiere.

Pensando en que los jóvenes usualmente tienden a tener un comportamiento rebelde, una mayor tendencia a desafiar y a tomar riesgos, podemos imaginar cuáles pueden ser las consecuencias negativas de un consumo de alcohol en esta etapa tan importante del desarrollo humano.

Los efectos inmediatos del «binge drinking» se ven en la alteración de los sentidos y en la disminución de los controles sociales sobre las acciones, hay menos coordinación, menos responsabilidad, errores en las decisiones que se toman y, por lo tanto, aumento de los riesgos.

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Los padres debemos comenzar por abordar el tema con nuestros hijos antes de que se acerquen esos eventos. Dentro de un marco afectivo, cordial pero firme, explicarles que las consecuencias de ese tipo de celebraciones pueden ser graves y establecer normas claras dentro del ámbito familiar. Los jóvenes no deben consumir alcohol antes de los 18 años. Así como no dejamos que un niño pequeño se acerque a una hornilla encendida y le explicamos el peligro, debemos explicarles a nuestros jóvenes el riesgo que existe de celebrar de esa manera.

Garantizar que ellos sepan cuáles son los límites, es parte de nuestras responsabilidades con ellos y de nuestro compromiso con su presente y futuro.



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