Bob Carey: el héroe del tutú rosa

Esta es la historia de un hombre corriente y sin pretensiones, que desde hace nueve años lleva emprendiendo una particular cruzada en la lucha contra el cáncer de mama; enfermedad que le fue diagnosticada a su esposa en 2003. Valiéndose de su talento para la fotografía y de una infinita capacidad para reírse de sí mismo, Bob Carey decidió que la mejor manera de plantarle cara a un mal que afecta a millones de mujeres cada año, era con altas dosis de humor y un exquisito sentido del ridículo.

Así que un día, decidido a deshacerse de sus complejos machistas y a burlarse de ellos, se enfundó en un tutú rosado chicle para hacerse una serie de autorretratos que han recorrido el mundo gracias a Internet. Lo que comenzó como un donativo para la fundación del Ballet de Arizona, es hoy por hoy un proyecto personal que lleva por nombre thetutuproject.com, el cual no sólo le ha robado más de una sonrisa a su esposa Linda; también a la de millones de personas que de forma directa o indirecta se ven afectadas por esta enfermedad.

bob.carey015Con sus fotos, Carey no sólo ha sensibilizado con éxito y sin tópicos, a las personas sobre el cáncer de mama; también ha logrado recaudar fondos para su lucha. Por lo que no duda ni un segundo en llevarse su tutú a todos los rincones a los que tiene oportunidad de visitar y llamar la atención de otros mortales, a fin de darle forma a una creciente colección de retratos que además de ser un objeto de culto para los amantes de la fotografía, son una valiosa lección que nos enseña que el vals de la vida no se detiene ante las adversidades, porque la música sigue sonando y es mejor ponerse a bailar que quedarse en una esquina sentado.

Este esposo fiel no sólo se fue a la pista de baile, sino que se animó a romper con los paradigmas, regalando postales tan conmovedoras como divertidas, en una declaración de propósitos de que el cáncer se pude combatir desde distintos frentes, y si es parodiando el «Lago de los cisnes» o el «Danubio azul» a lo Barbie «ballerina» mucho mejor, ya que como dijo una vez el Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez: «no hay medicina que cure lo que no cura la felicidad».

 

Fotografías cortesía de Bob Carey



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