Borrando el odio

¿Quién dijo que los seres humanos no cambian? Muchos hombres y mujeres, cada vez menos anónimos gracias a la Aldea Global donde vivimos,  han dado muestras de una colosal voluntad cuando de enderezar el rumbo se trata. Los sacrificios que un padre está dispuesto a hacer por sus hijos y por lo tanto, para cambiar su destino, no tienen límites. Cambiar de opinión, de hábitos, de vestimenta o de estilo de vida, comprende cerrar un ciclo que consideramos pernicioso y que definitivamente nos mantiene anclados al fracaso o en el mejor de los casos, al continuismo. Así como en nuestro camino nos hemos cruzado con personas que tienen el poder de sacar lo peor de nosotros, los hijos por el contrario vienen a limpiar nuestra alma, a barrer las impurezas del odio y el rencor y a mejorarnos en cada uno de nuestros ámbitos de acción.

Por eso la historia de Bryon Widner, un ex líder ultra racista,  me conmovió tanto. Por 16 años fue el máximo representante de los Vinlanders, un  grupo racista y violento de cabezas rapadas (skinheads) estadounidense. Con dos hijos que mantener, se da cuenta que los tatuajes de esvásticas, armas sangrantes y mensajes de odio en su cara, brazos, puños y pecho no le permitirán salir de la espiral de resentimiento y decide poner punto final a la ira. Tras saberse sin mucho dinero, rechazado en los sitios de trabajo y sin seguro médico, él y su esposa inician una aleccionadora cruzada para erradicar las huellas de tinta, en un intento de redención. Cuando estaba a punto de rociarse ácido en un intento desesperado por limpiar sus marcas, su esposa se acerca a una ONG que lucha contra el racismo en USA y se activa entonces una cadena de acción. Se involucra otra organización y finalmente aparece un financista anónimo que costea durante 16 meses las 25 cirugías -muy dolorosas por cierto- que dejaron el rostro de Widner limpio de malas tintas. Los médicos del Vanderbilt University Medical Center de Nashville, Tennessee, hicieron realidad el mayor deseo de este hombre: tener una nueva oportunidad y ofrecer a sus hijos un rostro de paz. Por eso cuando veo la fotografía del otrora extremista abrazando amorosamente a su hijo, reconozco en la imagen a un hombre consciente de que tiene entre sus brazos el mayor tesoro. Y, como es lógico, sabe que lo más sano es alejarlo de los tristes prejuicios contra las diferencias raciales, religiosas, sexuales o políticas.  Esta historia ha inspirado el documental Erasing Hate escrito y producido por Bill Brummel. El relato audiovisual muestra que la maldad no es indeleble y narra justamente la experiencia de Bryon Widner, un hombre que decidió borrar el odio de su corazón y su piel.



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