Brindamos, lloramos o callamos

A mi edad comienzas a notar que la edad se nota.

El invierno comienza a despedirse y por mi ventana veo cómo los arboles nacen lentamente. Las hojas se asoman como una gran cantidad de puntitos sobre las ramas desnudas, el frío comienza a ser débil y yo comienzo a pensar en bronceador artificial porque el invierno me ha dejado en un estado impresionante de blancura.

Las estaciones nos recuerdan lo rápido que pasa el tiempo y lo poco que sentimos el movimiento de la vida. Todo parece ser un laberinto lleno de sacrificios y decisiones: pasar todo el día llena de trabajo pensando en lo mucho que necesitas ese tiempo libre. Pensar en trabajo mientras estás en el cine con esa persona. Decidir, decidir, decidir.

Empiezas a diferenciar entre quienes se encaminan hacia un futuro profesional y pasan el día entero trabajando sin parar y aquellos quienes sueñan con el matrimonio y comienzan a hablar de bebés y de bienes raíces, y siempre, como en toda ecuación social, existe ese pequeño grupo que está entre lo uno y lo otro y todo lo contrario.

Y es que las redes sociales y la aparente cercanía con otros individuos y sus logros nos hace caer en un grado de presión que suele salirse de control. Mis amigos virtuales pasan sus días publicando fotos de bodas, bebés, compromisos, trabajos exitosos, lujos y comida orgánica mientras yo permanezco inmóvil y con cero actividad cibernética. Mientras escribo esto me tomo un segundo para visitar mi perfil y darme cuenta de que mi última publicación fue una foto de una película triste y ni siquiera lo suficientemente cool para ser hipster. Aparte de eso mi vida no aparenta tener grandes cambios, o al menos no me he tomado el tiempo para subirlos a las redes.

La capacidad de decidir es crucial en nuestra vida y no podemos negar el obvio efecto que el entorno causa en nosotros. Todavía no estoy clara sobre si a mi edad debería tener un bebé, un carro o una dieta vegana, y paso los días debatiendo conmigo misma sobre por qué yo no quiero ninguna de esas opciones tan populares.

¿En que momento la vida se convirtió en la elección de un catálogo socialmente preestablecido?

No es posible que la vida de los demás sea tan importante para nuestra toma de decisiones. A veces me siento insegura cuando veo todo lo que mi círculo ciberespacial comparte, hasta que recuerdo que las circunstancias de ellos y las mías son diferentes y los caminos que cada uno toma están llenos de vivencias distintas.

Regresando como siempre a mi querido Sábato me pongo a pensar en que «la esencia de la vida consiste en ser fiel a lo que uno cree su destino”, y si mi vida no está encaminada hacia el plan global de nacer, reproducirse, compartirlo en redes sociales y morir, me tocará aceptarlo y seguir de pie viendo cómo todos los demás se acomodan para su mejor selfie.

Love, R.



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