¿Básicos o desgraciados?

Ante el juicio «básicos» hasta ellos están de acuerdo; muchos lo aceptan con orgullo, como si se tratara de un halago. Pero cuando decimos que nuestra complejidad es algo que ellos no son capaces de asimilar, nos colocamos en una plataforma de superioridad, desde la que siento nos hacemos mucho daño.

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Y es que eso que llamamos «básico», entre risas, rabias, reproches e ironías, la mayoría de nosotras lo juzga como inmadurez, porque está claro que nuestra mujerabilidad no ha logrado comprender en su justa dimensión el significado de «básico» para ellos y, por lo tanto, lo valoramos en negativo, como si su esencia de hombre estuviera en contraposición con la nuestra.

¿Cómo pretendemos crear relaciones de paridad con este criterio en el alma? La consecuencia de nuestra «superioridad» es obvia: nos convertimos en sus madres, sus abuelas, sus maestras; en las cuaimas pues de las que desean huir.

Nos pasamos la vida en la búsqueda de un hombre que sea profundo, intelectual, exitoso y espiritual, para que esté a nuestra altura, y cuando lo encontramos –porque por lo general lo logramos– construir una relación no es para nada fácil; los horarios no coinciden, los gustos son distintos, los puntos de vistas prácticamente opuestos y terminamos considerando que son unos desgraciados porque comienzan a no querer estar con nosotras. Claro está que con este calificativo, la mayoría de ellos no está tan de acuerdo.

Tengo una amiga que considera que su esposo es un hombre básico y desgraciado, pero no se divorcia porque hay mucho que perder económica y socialmente. Al escucharlo a él hablar de ella pareciera que estuviéramos frente su espejo, «esa es una desgraciada que sólo le interesa mi dinero y decir que tiene marido».

Entonces ¿quiénes son los básicos y desgraciados? ¿ellos o nosotras?

basicosMuchas no se quedaron en este tipo de relación, sí decidieron divorciarse, pero en la separación el daño fue tal, que reconstruir nuestra mujerabilidad luego de eso puede parecer imposible y lo que llegamos a pensar o decir de ellos en esos momentos es millones de veces más grave que básico y desgraciado.

Hemos convertido las relaciones hombre-mujer en una competencia sadomasoquista de la que pareciera no deseamos salir y estamos tan acostumbrados a vivir en desarmonía que no creemos que haya salida.

Siento que esta guerra básica y desgraciada puede tener muchas treguas y un final de paz, siempre y cuando las mujeres asumamos nuestra importante responsabilidad en ella, dejemos de considerar que el problema es 100% ellos y que internalicemos que el Amor concreto comienza por comprender al otro desde él mismo, sin juicio. Así lo espero y por eso lo pregono.

 



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