Buen camino Valores del camino de Santiago. Los encuentros

Hoy tuve una dosis de Inspirulina y quise compartir esto con toda la comunidad.

Los escasos e intensos seis días que duró nuestra peregrinación hacia la tumba del apóstol Santiago, nos dejó cargados de energías, vivencias y sobre todo encuentros.

Te encuentras con una naturaleza hermosa para admirar y disfrutar; transitas por caminos de piedras, tierras, asfalto; te rodean bosques tupidos de eucaliptos que al rociarlos las gotas de lluvia y la brisa acariciar sus hojas, no haces más que contemplar y agradecer y querer permanecer allí sintiendo su intensa fragancia. Su altura los  hacía ver imponentes y a nosotros pequeñas criaturas de Dios, sintiéndonos bendecidos por poder contemplar y vivir ese encuentro con ellos, en el que te saludan y embriagan con su aroma.

Encontrarse con la naturaleza de esta forma, definitivamente te sacude los sentidos y nos hace pensar cuánto nos perdemos por ser amantes del concreto y del asfalto, esa es la razón por las que muchos añoran un trozo de bosque, montaña o mar.

La naturaleza nos rodeó y obsequió de muchas formas, las bayas en el camino (moras) nos sorprendían  y al comerlas hacían fiesta en las papilas logrando con esto que todos los demás sentidos se despertaran, luego leí que esta fruta es energía pura para los caminantes y ciertamente así las sentíamos. El campo sembrado de girasoles, las manzanas, higueras, castaños, rebaños de ganado, ovejas, hasta los criaderos de cerdos con su particular olor, te hacían reír, contemplar y disfrutar el camino y con esto más agradable las largas caminatas.

Otros encuentros realmente importantes son aquellas personas a las que no hace falta conocer sus nombres o sus vidas para entablar una conversación y desearle ¡Buen camino! hoy considero que esa frase no era aplicable solo al recorrido que estábamos haciendo, sino a una ¡Buena vida!

Cada persona te deja algo, luego los recuerdas y deseas que en su «mundo» todo vaya bien. El camino se presta para ser amistades, rostros conocidos y de seguro si la vida te los cruza más adelante los recordarás de una forma especial, como si fuesen grandes amigos.

Tuvimos la suerte de cruzarnos con personas especiales, como el cura que venía de Quebec, Clement (sacerdote de Eslovenia), Vladimir (sacerdote de Colombia, pero radicado en España), los chicos de Barcelona España (no se sus nombres pero compartimos comida y buenos deseos), a Javi y Fede con quien compartí parte del camino, el grupo de Andalucía que daba gusto mirar, los jóvenes italianos y su canto especial en una de las misas, con Basi y su esposo, con Jorge al que nos dio inmensa alegría verlo llegar a la catedral agotado pero feliz; en fin todos ellos y los que nos encontramos en los hoteles y posadas, serán recordados siempre, por transmitirnos la esencia del camino de Santiago, que es muy similar a nuestro camino en la vida.

Uno de los encuentros más importantes que te deja el camino, es aquel que haces contigo mismo, en el silencio, en la contemplación de lo que te rodea, en las noches cuando antes de ir a dormir rememoras lo vivido y agradeces los encuentros del día, se reflexiona lo que hemos vivido y solo con eso nos hacemos más humanos.

Hoy a través de este post agradezco a todos mis encuentros, el primero que se nos da en la vida que es con nuestra madre, esa que al nacer y sacarte de ese lugar tan especial  como lo es el vientre materno, con el calor de sus brazos y el latir acelerado de su corazón te dice ¡Tranquilo, todo está bien, has salido de tu espacio seguro y perfecto pero aquí estoy para protegerte! A ti mamá mi primer y más maravilloso encuentro, seguimos encontrándonos con familiares, amigos que vamos generando, compañeros de trabajo que pasan a ser más que eso y esos compañeros fortuitos en la vida, para ustedes mi cariño por siempre.

Quizás a algunos no los recordemos con tanto cariño, otros pasan realmente desapercibidos, pero aquellos que logran robarse un trozo de nuestro corazón y sobre todo permanecer en el por siempre, son los que deseamos se tornen reencuentros permanentes, con ellos aprendemos de lo bueno y lo malo, compartes alegrías y tristezas, sonrisas o simplemente solo una mirada.

Aprovecha tus encuentros, no pases desapercibido, deja una huella, logra ser un transformador, evangelizador, alguien que con mucho o poco marque la diferencia y tú sin afanarte en ello, sin darte cuenta, sentirás esa gracia, ese bienestar que solo siente el que se encuentra feliz consigo mismo.

PD: ha pasado más de un mes que hice el camino y no había podido terminar este post, y en estos 40 días he disfrutado de unos encuentros maravillosos que desde ya presagio serán para toda la vida. A mis nuevas amistades de Bournemouth, gracias a Dios por formar parte de esos pasajeros especiales del tren de mi vida.



Deja tus comentarios aquí: