Buena acción y mala acción

Si hubiese algo a lo que pudiéramos llamar “pecado original”, ese sería el orgullo, la soberbia. ¿Porque? Bueno, porque no hay nada que nos aleje más de lo que en esencia somos, que la arrogancia de ese “yo” que cree que es el que sabe, que anda por ahí obrando en el mundo y se cree que lo domina.

Una buena acción no es buena ó mala porque le asignemos arbitrariamente que así sea.

Lo que cualifica toda acción es la energía desde la cual emana y es ejecutada.

Lo que podríamos llamar una buena acción, siempre emana de un estado de Gracia, el resto, aún cuando se pretenda que es una buena acción, es apenas un intento procaz de serlo.

Una nueva visión de nosotros mismos y de la espiritualidad comienza a vislumbrar sus efectos en nuestros prejuicios y pretensiones.

El ser humano ha estado bajo el hechizo de la esclavitud de un “yo” que ha fabricado y creído ser, y hace un tiempo ya, que empiezan a salir a la luz las más variadas manifestaciones de esa esclavitud.

Cuando iniciamos nuestro trabajo interno, ésta es una de las cosas que más dolor e incomodidad nos producen, y debido a eso, muchos tiran la toalla, por no soportarlo. Razón por la cual, el trabajo interno es para valientes. Y sin embargo, para el que lo soporta y persevera, allí, se inicia la liberación.

El reconocimiento, el recuerdo de quienes somos, es nuestra principal tarea, despojarnos de todas esas capas que inconscientemente, alienados y arrastrados por la marea, hemos adoptado y permitido que oculten nuestra esencia.

Que podamos permitirnos conocer y experimentar el estado de Gracia para recordar qué somos, qué vinimos a hacer aquí, y de donde en realidad emana lo que «hacemos»…

Lina Cristiano
Psicoterapeuta y Coach de Vida



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