Cambio de ruta: nacimiento de Conejo

Llegó el 31 de agosto de 1999, el día tan esperado para conocer a mi hijo Jorge Mario. Para ese día yo ya tenía todo listo en casa de mi madre en la ciudad de Delicias, pues ella nos apoyaría en enseñarnos los cuidados de un recién nacido. Justo ese día en la mañana sentí que mi bebe se dejó de mover en mi vientre y me preocupó un poco, lo comenté con mi madre y me dijo: «vamos con el ginecólogo para que te revise».

Llegamos con el médico y me realizó un eco y noté que hizo una cara de extrañeza y de inmediato le pregunté: «¿qué pasa?». Él comentó: «es un poco extraño que tu bebé tenga exactamente el mismo peso y talla de hace un mes dado que el último mes es cuando más peso y talla ganan». Me indicó que fuera a la ciudad de Chihuahua con el radiólogo que me hizo los ecos cada trimestre para cerciorarnos de que todo estaba bien.

Mis padres me llevaron con el médico radiólogo, pues mi esposo estaba trabajando en la ciudad de Chihuahua que es donde nosotros vivíamos.

Me realizó un eco y en tono serio dijo: “parece que tenemos algunos problemas. Tiene los ventrículos del cerebro dilatados y es un indicativo de hidrocefalia (agua en el cerebro), además una arteria del cordón umbilical está tapada y el bebé no recibió los nutrientes necesarios, debido a eso no subió de peso. Es necesario realizar una cesárea con urgencia».

De Chihuahua se comunicaron a la clínica en ciudad Delicias donde nacería mi hijo para que tuvieran todo listo para recibirme.

Le marqué a mi esposo para decirle lo que pasaba y pidió permiso en el trabajo para irnos a ciudad Delicias.

Rápidamente me recibieron en la clínica y me prepararon para ingresar al quirófano. Mi esposo también se preparó pues habíamos acordado que él entraría al parto.

Como se hace en esos casos, me administraron anestesia local y comenzó la cesárea. Para ese momento aún no dimensionaba nada de lo que estaba por suceder.

Transcurrió el tiempo de la cesárea y de pronto escuché un “ahí está el bebé”, y sentí cómo me aplastaron arriba del estómago para que saliera.

Entre que estaba un poco adormilada y no en mis cinco sentidos por el efecto de la anestesia, de pronto escuché un aullido muy fuerte como de gatito en celo y me pasó por la mente que anduviera un gatito por ahí, pero a la vez pensé: «no, no puede ser estoy en el quirófano».

bbincubadoraPregunté: «¿qué se escucha así?». Y el médico respondió: «es tu bebé que está llorando». Le dije: «pero yo escucho un gatito no a mi bebé», y justo en ese momento el médico dijo: «Ah, es que tu bebé tiene el síndrome de Cri du chat (aullido de gato en francés)». Yo le dije: «pero ¿qué es eso?». Y el médico me respondió: «Ah, es un síndrome muy feo y ya mejor no pregunte nada más porque no querrá saber». Le dije: «quiero ver a mi bebé», y me dijo: «no, mija, eso no será posible». Yo insistía: «¡por favor quiero verlo!».

Quería saber desde lo más profundo de mi ser qué estaba pasando, yo quería verlo con mis propios ojos. Para ese momento mi angustia estaba al máximo. En ese momento mi vida estaba a punto de cambiar intempestivamente con un diagnóstico hecho a la ligera y sin bases sustentables aún. Era el principio de un cambio de planes que ni mi esposo ni yo esperábamos.

CAMBIO DE PLANES O RUMBO

Si la vida da un cambio de rumbo, conocerás otros lugares que son maravillosos. Cambio de planes que surgen en la familia cuando con un diagnóstico cambia nuestro destino, sin embargo, un diagnóstico no es un pronóstico.



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