Ganar la batalla

Diana Pérez de Rutmann, tiene 55 años y hace 15 años se enteró de que tenía cáncer. La primera vez que escuchó la palabra no podía creerlo. “En mi familia no habían antecedentes de enfermos con cáncer. Fue una sorpresa para nosotros cuando el médico me detectó la enfermedad en 1997. Yo no tenía idea de lo que significaba ser diagnosticada con cáncer de mama. Lo único que pensé, en ese momento, fue en que necesitaba vivir para sacar adelante a mis hijos que estaban pequeños; y en cómo haría para costear el tratamiento”.

Frente al diagnóstico, Diana relata que trató de concentrarse en la situación que enfrentaba con la seguridad inquebrantable de que iba a ganarle la partida. “Esa fue mi salvación. Enfrenté las sesiones de radioterapia y quimioterapia con una fe siempre creciente en la vida misma. El apoyo, la bondad y el cariño de mis afectos más cercanos me dieron fuerza y me llenaron de coraje porque el miedo estaba allí presente”.

Es cierto que la palabra cáncer asusta, y de hecho el principal temor que aparece es el miedo a lo desconocido, al dolor de lo invasivo y traumático que en ocasiones son los tratamientos y los efectos de la enfermedad. A sentir que de repente uno no lleva los hilos de su propia vida, el temor a sentirse vulnerable, sin control; y sobre todo a la posibilidad de la muerte.

También resulta normal que aparezcan sentimientos como el desasosiego, la negación, la rabia, el aislamiento, la ansiedad y, en algunos casos, episodios de dificultad para conciliar el sueño e inapetencia.

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Frente a esto, lo que más puede generar  alivio es abrirse, contar lo que se siente, montarse en el ring y pelear, involucrarse con el médico en la lucha. Asimismo, el apoyo de la familia y los amigos resulta terapéutico. Reviven al paciente cuando cree que no puede dar más. Son claves para decirle al oído, suave y con pausa, que están seguros de que saldrá de esta prueba fortalecido y con más ganas de vivir que nunca.

Otro aspecto beneficioso es la psicoterapia que contribuye a la reducción de la angustia y al fortalecimiento interno del paciente frente a los desafíos tanto físicos como emocionales asociados al proceso de superar el cáncer.

Por otra parte, Sunil Daryanani, médico oncólogo del Hospital de Clínicas Caracas, recomienda apuntar en un papel todas las preguntas cuyas respuestas se desea conocer; siempre ayuda al paciente entender las explicaciones sobre su enfermedad. Ello le permite participar y colaborar más activamente y con mayor seguridad en el tratamiento. “No hay que tener vergüenza a la hora de realizar cuantas preguntas se quieran y tantas veces como se desee” puntualiza.

Como fue el caso de Diana Pérez de Rutmann, los que sobreviven a un cáncer comienzan a ver la vida diferente y le agradecen al propio cáncer por haberle abierto los ojos y enseñarles que la vida cambia en cuestión de segundos y que por ello hay que vivirla con un corazón ferviente, sin correr ni llenarse de obligaciones innecesarias, a no ser esclavos de los objetos, sean cuales sean y sobre todo a no dejar atrás momentos, personas y hechos que solo tomamos en cuenta hasta que nos sacuden de golpe.

“La mejor lección que me dejó haber tenido cáncer de mama fue el tomar conciencia del aquí y ahora, aprendí que nada es en vano, que lo opuesto al miedo es el amor, y gracias a él logré superar la enfermedad. Después de 15 años sigo haciendo sólo lo que me hace feliz, agradezco a Dios cada día por estar viva y siempre tengo ganas de no perder el tiempo”, confiesa Diana.

 



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