Capítulo II – Guía para amarte y aprender a amar de forma saludable

Muy buenas noches queridos lectores, para ustedes; un segundo capítulo de mi guía, disfrútenlo.

 
Capítulo II

Mujer linda, soltera, inteligente, sin suegra ni marido busca… ¡NADA!, Y ¿Qué va a buscar si está en la Gloria?
Una gran cantidad de personas estarán en desacuerdo con mis palabras, otra cantidad quizá más reducida dará crédito a lo que expreso mediante mis letras; la razón la tiene el que así lo sienta y entre gustos no hay nada escrito.
Muchos temen a la soledad y se aterran de tan sólo escuchar o leer esa palabra pero, ¿por qué sentir miedo de algo que es totalmente normal desde que venimos al mundo? Si bien nacimos rodeados de nuestros familiares, no existe un cordón umbilical que nos ate a absolutamente nada y lo único verdaderamente cierto que podemos tratar de comprender es que «Nada es eterno».
Cada día fallecen cientos de personas mientras nacen nuevos seres en todas partes del mundo, unas vidas acaban y otras comienzan, perdemos a nuestros padres, a nuestros abuelos o a nuestros hijos en el mismo instante en el que muchos otros en algún lugar, quizá no cerca de nuestro entorno; se alegran por haber traído al mundo a un nuevo integrante de la familia, lágrimas de tristeza o de felicidad, sentimientos de vacío o resignación; todo resumido en una sola idea: «Todos estamos de paso».
Muchos confunden la «soledad» con tristeza y otros tantos la asemejan a la felicidad sencillamente por haberse dado cuenta de que un ser humano para ser feliz necesita sólo una cosa: «tenerSE, cuidarSE y amarSE»; en el momento en el que aprendemos a amarnos y entendemos que para «ser felices» no necesitamos de segundos o terceros, en ese mismo momento seremos capaces de comprender que hemos ascendido a otro nivel.
Me he acostumbrado con el tiempo a ser vista como una mujer «fría, sin sentimientos, una mujer de hielo sin corazón», quizá sí para muchos, quizá no para muy pocos; unos tantos han cuestionado mi decisión de mantenerme sola, otros no la han entendido argumentando que «ya llegará alguien que sepa valorarme y me escoja para ser feliz» o un «por ahí debe estar el amor de tu vida», a lo que respondo luego de una sonrisa irónica; «Al amor de mi vida lo encontré hace 29 años».
Que «llegue alguien que me escoja para ser feliz» no lo deseo ni lo acepto, sencillamente porque no espero encontrar a una persona con la autoestima lo suficientemente baja como para ver en mí un motivo para ser feliz (y no es que no piense que lo soy), sencillamente soy mucho más que eso y a mi lado, si llegara a querer tener a alguna persona; sería sin duda una de esas que no necesite andar buscando poner en otros el deber que por ley divina le corresponde; es demasiada responsabilidad llevar a cuestas la autoestima y la felicidad de otro que no sabe valorar a su propio yo.
La sola idea de pensar que alguien «sepa valorarme» la podría tolerar, quizá porque realmente no tengo dentro de mí esa necesidad; mi amor propio es tan grande que no hará falta que alguien más me otorgue el valor que sólo yo sé que poseo y que sin dudas, es incalculable. Podrán tildarme de insensible y egoísta, pero a decir verdad estar solo y mantenerse así es una elección, y siempre he dicho que «más vale sólo que mal acompañado».

– Quiero darte cada momento de mi vida

Es necesario aceptar que estoy enamorada más allá de la razón misma, por eso, quiero darte cada momento de mi vida… 

Aunque hace un tiempo ya, tuve que comenzar a levantarme más temprano por que mis dos trabajos me exigían más de lo normal, quiero darte cada momento de mi vida…
Aunque dejé de comer bien en las mañanas porque debía correr a terminar ciertos pendientes y con un café me bastaba, quiero darte cada momento de mi vida…
Aún cuando me vi obligada a dejar de ejercitar mi cuerpo y así poder llegar a la oficina un poco más temprano, quiero darte cada momento de mi vida…
Aún cuando desde hace algún tiempo no veo a mis padres ni comparto tiempo con mis hermanos porque llego a casa muy cansada para seguir la rutina, quiero darte cada momento de mi vida…
Aún cuando recibo a diario invitaciones de las chicas para ir al club o a bailar y debo sin duda rechazarlas porque es casi nulo el tiempo que me sobra en el día, quiero darte cada momento de mi vida…
Aunque ya desde hace mucho no tenga el espacio para observar una puesta de sol como lo hacía cada día, quiero darte cada momento de mi vida…
Aquí estoy vida mía, soy tuya y mi tiempo también lo es…
Aunque mis horas de sueño cada vez sean menos, aunque haya bajado la calidad de mi alimentación, aunque no haya vuelto al gym a trabajar en , aunque no tenga tiempo para visitar a mi familia, aunque me parezca menos importante que antes salir a bailar, aunque ya no pueda disfrutar de una puesta de sol…
Aunque no conozca desde hace mucho el significado de «disfrutar de mi y de las cosas que amo», aún cuando sepa que estando contigo terminaré de abandonarme por completo, aún cuando esté consciente de que no vas a volver a verme arreglada como tanto te gusta porque lo que me reste de tiempo mi amor, es tuyo… Aunque siga sin importarme cuán bajo pueda yo llegar y cuanta falta me llegue yo a hacer, cuán alto tenga que subirte para seguir adorándote mientras yo me hundo cada vez más…
¿Hasta qué punto de veneración puede llegar un «amor» como para estar conscientes del abandono en el que hemos caído y aún así estar dispuestos a seguir Amando?

  Peor que un orgasmo fingido es un corazón que finge amor por miedo o compasión.
¿Estar o no estar?, ¿Permanecer o remontar el vuelo?, he ahí el dilema. Muchas veces decidimos quedarnos para que nuestra partida no cause estragos mayores sin caer en cuenta que más grave aún será la catástrofe si decidimos seguir aguantando para tratar de «salvar» lo que queda de la relación.

 

Valores que se perdieron hace mucho tiempo, acciones cotidianas que llegan al punto de desagradar, fastidio de volver a casa o de ir a la cama por las noches, insomnio de tener a tu lado a alguien a quien no deseas más… Molestia ante actitudes que antes te parecían normales, discusiones sin sentido ni causa aparente, desgano, ganas de correr y desaparecer para que nadie te encuentre… El peso de una cruz que te desgasta la espalda, un lastre que ahoga y no te permite respirar, unas manos que ya no erizan tu piel, un cuerpo con el que no has logrado volver a vibrar… Pensamientos que agobian, rabia de tanta responsabilidad, deseos de liberación, cadenas que te asfixian lentamente hasta consumir lo que queda de ti.
Ella/Él, ahí a tu lado; uniéndose más a tu ser a través de ese cordón umbilical que en un tiempo alimentó la relación y que ya no sirve de tanto desgaste, apegada (o), dependiente, incapaz de seguir su vida sin ti, afianzada (o) a lazos que sólo siguen existiendo en su imaginación, llena (o) de inseguridades, celos desmedidos, infelicidad que brota por los poros donde quiera que va… Tú, ahí, con la mirada perdida, empapado (a) en sentimientos de lástima, luchando contra ti mismo (a) para no sentir desprecio ante quien fue tan importante en tu vida y que ya no lo es más… Y te sientes culpable y crees que con quedarte harás menos daño, y quisieras hablar pero terminas callando y llorando en las noches por tu infelicidad. Hace mucho tiempo no hay en ti sonrisas verdaderas, buscas excusas para irte y aunque las encuentras, dices cada día un «mañana será mejor»; convirtiendo todos esos días en uno más para tu infierno y uno menos para tu liberación y crees que lo mejor es quedarte, tratas de convencerte de eso para que el peso que llevas a cuestas no se haga tan notable; seamos sinceros, ¿Es su culpa que en ti se acabara el amor?, ¿Es tu responsabilidad velar por el bienestar de quien fue en su momento y que ya no es ni será más?, ¿Debes «pagar el precio de tu desamor» amarrándote a una persona con quien ya NO ERES FELIZ?, ¿Qué logras sacrificando tu vida para no cargar con la culpa de la infelicidad de alguien?, ¿Te consideras un mártir?, ¿Crees que esa conducta tuya va a redimir tus actos u omisiones?, pues, déjame decirte que a estas alturas del siglo XXI los mártires están completos.
Si esa persona ya no es en tu vida quien solía ser, si sientes dentro de ti un cariño distinto que se encuentra a años luz de llamarse «amor», si tus razones para quedarte se alimentan de un «No puedo dejarlo (a) porque él me ama», si prefieres estar sola (o) que tenerlo cerca porque te fastidia; hazle un favor y Hazte un favor a ti misma (o), no alargues la agonía y ten valor de hacer frente a la verdad más grande que puedes tener ante tus ojos; Se acabó, terminó, ya no existe nada más que se pueda salvar en esa relación… despréndete y entiende que su momento terminó y que NO PUEDES OBLIGARTE A SENTIR ALGO POR ALGUIEN A QUIEN YA NO AMAS MÁS.

 

– Existe un límite para luchar por alguien, si no te valora NO TE REBAJES.
Todos en la vida hemos al menos una vez bajado la mirada ante alguien al que hayamos realmente amado, todos hemos sentido «mariposas» en el estómago al escuchar sus pasos mientras se acercaba a la puerta, a todos nos ha excitado la mezcla del olor corporal de alguna persona ligado a su perfume, todos hemos sentido cosas que aquellos otros personajes con los cuales nos topamos antes no fueron capaces de hacernos experimentar… A todos se nos ha erizado la piel con sólo un roce, un aruño, una caricia, todos hemos estado inmersos en una burbuja de cristal mientras sentíamos sus brazos a nuestro alrededor… No creo que alguno pueda quedar exento de haber vivido algo así o quizá, algo medianamente parecido a lo que los mortales llamaríamos «la gloria».

 

Luchar es muy bueno y demostrar a la otra persona la magnitud de tus sentimientos es aún mejor pero, ¿son esos sentimientos realmente correspondidos?, ¿Son valoradas tus ganas de amar a plenitud?, ¿El brillo de los ojos de esa persona al encontrarse con los tuyos es directamente proporcional al brillo que emiten estos sin tener siquiera necesidad de mirarla (o)?

 

Siempre es bueno sentarse en un rincón y, manteniendo una charla con tu propio yo; responder objetivamente cada interrogante que vaya surgiendo porque, ¿De qué vale amar a una persona y que tu amor aún siendo puro no encuentre ser correspondido?, ¿eres de los que cree que «el amor llega luego»?, ¿quien es ella (él) para hacer que le quites a tu YO su valor para luego correr y otorgárselo?, ¿Dios?, y tú, ¿sientes amor propio?, o mejor, ¿Conoces lo que es el amor propio?

 

Siempre se puede dar todo de sí y aún más; se puede intentar entregar un poco más que todo; podemos planificar el presente y jugar a crear un futuro, soñar semanas enteras en playas paradisiacas, querer observar un atardecer en sus brazos mientras te recuestas sobre el suelo oscuro de un hermoso yate… Podemos querer colocar en los labios de esa persona especial mil sonrisas, podemos anhelar cuidar de su sueño toda una noche, podemos desear despertar y que sus ojos sean lo primero que vean los nuestros, podemos soñar cada día con el calor de sus labios en un beso, podemos; claro está que podemos pero, ¿hasta que punto?, ¿hasta qué grado de dolor?, ¿con qué cantidad de sacrificio?

 

Si esa persona no desea ser parte de tus sueños, si ya tiene planes y no eres lo suficientemente importante como para incluirte en ellos no te demores, recoge tu amor, tu fe, tus esperanzas, tus sueños y tus demonios y lánzalos a una maleta… Y vuela, vuela todo lo lejos que tus alas te permitan volar. Recuerden que,

 



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