Caracas, alto contraste

¿Cómo en apenas diez días pueden ocurrir dos acontecimientos aparentemente distintos, pero en el fondo tan parecidos? Misma ciudad, mismo escenario, misma protagonista… otros actores, otras escenas, otro hecho.

Es posible que así pase, así me pasó. Cada día es una aventura. Y en Caracas, la ciudad donde vivo, los contrastes son una manera de vivir. Son tan comunes que ya no sorprenden. Por eso, cada día me convenzo más de no creer siempre en la experiencia, en el pasado. Nada de lo que hemos vivido nos garantiza que nos puede ocurrir igual.

Sorpresas te da la vida

Un miércoles como a las nueve de la noche regresaba a mi casa en el metrobús. Me empecé a sentir mareada… yo reconocí inmediatamente ese síntoma. Es una sensación de debilidad, mezclada con desesperanza. Es una confusión de ideas, es una baja de azúcar.

En mi cartera cargo siempre caramelos o sobrecitos de azúcar. Es lo más recomendable ante un episodio como este. Aunque tengo 37 años con diabetes, la baja de azúcar no se ha alejado de mi. Cuando creo que tengo todo “bajo control”, aparece.

Al sentir el mareo en el metrobús, empecé a engullirme los sobres de azúcar que tenía, fue inútil. Me desmayé. Lo último que recuerdo es a dos muchachas que me preguntaban cómo me sentía, cómo me llamaba y en qué edificio vivía… Les dije mi nombre y el nombre del edificio en donde vivo (gracias a Dios), antes de irme temporalmente de la realidad.

Estas dos muchachas junto con el chofer del metrobús me llevaron a mi edificio. El vigilante me reconoció y llamó a una vecina. Abrieron mi cartera, tomaron mi celular sin saber a quién llamar. En ese preciso instante (gracias a Dios), mi hijo estaba llamándome. Mi vecina atendió y le dijo sobre mi estado. Él les indicó que por favor llamaran a una ambulancia para que me llevara a la clínica, el iría directo hasta allá.

Llamaron a la ambulancia y mis dos “angelitas” me acompañaron hasta la clínica. Yo permanecía inconsciente. Rápidamente me recibieron por emergencia, me inyectaron suero glucosado esperando a que yo reaccionara. Me midieron la glicemia y la tenía en 23. Sí, en 23…

Los ángeles humanos existen

Esas dos personas desconocidas, maravillosas y solidarias (periodistas como yo) y el chofer del metrobús, literalmente, me salvaron la vida.alto contraste muchachas

En este mundo tan convulsionado e inseguro en el que aparentemente vivimos, una noche de un día cualquiera, dos jóvenes totalmente desconocidas para mí no solamente me llevaron hasta mi edificio solicitando que alguno de mis familiares o vecinos me ayudara, sino que también me acompañaron hasta la clínica.

Cuando fui recibida, atendida en la emergencia, rescatada de mi estado inconsciente, y después de conocer a mi hijo quien me estaba esperando, fue que ellas decidieron marcharse. Casi a medianoche.

Siempre hay ángeles humanos a nuestro alrededor.

Traición vs. solidaridad

Así pues, en esta ciudad caraqueña, hay días de días… Si no fuese porque siempre medito antes de salir de casa, creo que no podría vivir en este aparente caos.

Al siguiente miércoles salí temprano. A las 10:30 a.m. regresé. Como siempre, tomé el metrobús que me deja al frente del edificio donde vivo. En el momento en el que estaba contestando un mensaje en mi móvil. Un muchacho que no parecía tener 18 años me sorprendió al pedirme mi aparato. La cara de asustado que le vi, me hizo sentir tan segura de que no me lo arrebataría que le contesté que no se lo iba a dar. El me respondió temeroso y sacó una navaja diciendo que si gritaba me cortaba.

Me atacó una furia interna tan grande que al contrario de lo que él me advirtió, empecé a gritar como para provocar una reacción solidaria en el resto de las personas. Pero nadie se movió, ni gritó, ni lo insultó.

Se me ocurrió lanzar el teléfono cerca de donde se encontraba el chofer creyendo que este o algún otro pasajero lo recogería. Mi sorpresa fue ver a todos inmóviles.

El vehículo se detuvo y mi joven atracador recogió el móvil y bajó asustado con la aparente satisfacción de haber logrado su objetivo.

Quedé impactada, no tanto por el atraco que había protagonizado, sino por la actitud pasiva de los pasajeros y del chofer. Sí hubo reclamo e insulto por mi irresponsable actitud, ¿con quién cuento?

Todo estará mejor

Confío en que la conciencia colectiva cambie, porque cada día yo intento cambiar mi pensamiento de escasez e inseguridad. Mi granito de arena es orar, creer y confiar en que lo bueno está por suceder y es poderoso. Lo justo abunda más que lo injusto. La verdad es más fuerte que la ilusión. Los ángeles humanos me rodean.

Dos acontecimientos, lugar y escenario equivalentes. Dos caras, dos visiones. Una de agradecimiento eterno, otra de repulsión.

Me atrevo a perdonar, reconocer mis miedos y agradecer. Sigo viendo milagros y viviendo en alto contraste.



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