Carta a mi niña interior

Carta a mi niña interior

Para mí niña hermosa.
La guía de mi vida.
La que nunca me abandona.
La que conoce todos los secretos de la magia.
La que me anima siempre a buscar tesoros escondidos.
La que se atreve a soñar sin límites.
Para ti, Eliana, la niña de mi corazón.

Parece que fue ayer cuando recogías conchitas y piedritas a la orilla del mar, en la Guaira, Venezuela, el país que te vio crecer, nuestro amado país. ¿Te acuerdas?, recogiendo las uvas de playa, que tanto te gustaban, llenabas de uvas tu baldecito para jugar en la arena. Algunas uvas se caían al suelo, y tú las recogías. Para ti eran tan importantes, no podías dejar en el suelo tan siquiera una de ellas, pues las habías escogido y recogido con mucha emoción y alegría. Luego te sentabas sobre la arena tibia a comértelas. Cómo disfrutabas aquel sabor delicioso. Como me gustaría sentir ese sabor nuevamente, el sabor de esas uvas que comías tú, mi niña, todos los fines de semana, hasta que un día creciste.

Siete años tenías cuando te vi aquella noche. Llevaba varios años buscándote, necesitaba tanto hablar contigo, verte a los ojos. Tuve que esperar mucho tiempo. Deseaba encontrarte con todas mis fuerzas, para mirarte al menos unos minutos, así fuese por un huequito y fijarme en tus movimientos, en tu sonrisa, escuchar la melodía de tu voz y si la suerte me acompañase, escucharte cantar.

Treinta y dos años esperé. No te voy a mentir, la espera no fue fácil. Tuve que aprender una de las lecciones más difíciles de la vida. Tú me enseñaste entre tantas cosas, a ser paciente.

Sabía dentro de mí corazón que nuestro encuentro se llevaría a cabo, con la ayuda de Dios, la Virgen María, las estrellas, la luna, los planetas, la naturaleza y el poder de tu amor. Sabía que te encontraría y también sabía que nunca sería la misma, pues en el momento perfecto, preciso, estaría lista para enfrentar esos fantasmas que me han acompañado desde entonces.

Elianita, mi niña preciosa, cuando te vi, mi corazón se detuvo por varios segundos, y con él también el tiempo. Fue cómo regresar a casa. A los inicios de todo mi ser. Fue en ese momento que entendí que tú ya sabías lo más importante de la vida. Tú siempre supiste que podías lograr todos tus sueños, sin que nadie te lo dijera. Tu siempre creíste en ti y en mí como nadie más lo ha hecho.

Tú, que te reías a carcajadas de los que te decían que la magia no existía. Siempre fuiste una brujita. Siempre creíste en la magia. Tu creatividad, tu imaginación, tus ideas eran magia pura, amor verdadero e incondicional. Tú, qué soñabas todas las noches con ser una artista y creías que podías volar utilizando el polvo de estrella que caía sobre ti todas las noches, desde el cielo, cada vez que veías una estrella fugaz, y siempre pedías un deseo.

Mi niña hermosa, gracias, por pedirme que te escribiera esta carta, pues de esta manera, lo que había esperado tanto tiempo para decirte, quedará escrito para siempre. Siento que tú ya sabías que había venido a verte entre tantas razones, para pedirte perdón, por juzgarte, por no haber estado allí para protegerte de aquellos que te hicieron daño, de aquellos que te cortaron las alas, de aquellos que, con su infelicidad, te hacían sentir que todo lo que hacías estaba mal, de todos aquellos que te hicieron sentir que había algo de malo en ti, que tus ideas no servían y que tus sueños eran imposibles de alcanzar. Perdóname, por no protegerte cuando lo necesitaste y por no haber estado allí cuando sentiste miedo y vergüenza de ti misma. Y, por último, quiero pedirte perdón, por no haber evitado que poco a poco mientras crecías, dejarás de creer que sí merecías que tus sueños se hicieran realidad.

Hoy, regreso a ti. Tú y yo volvemos a creer en la magia. Volvemos a creer que merecemos soñar, que merecemos que esos sueños se hagan realidad, que merecemos las cosas que queremos,que merecemos el amor verdadero, ese amor que Dios quiere para todos sus hijos. Tú y yo más nunca volveremos a dudar.

Gracias, por tus regalos, los recibo con todo el amor, con toda la pasión que hay dentro de mí, y lo más importante, los recibo sin miedo. Un espejo tan bello, una estrellita de mar, y el polvo de estrella que nos regaló el abuelo. Nunca más nos preguntaremos mirándonos al espejo “¿será qué hay algo malo en mí? Y si en algún momento lo hacemos, la respuesta será una sonrisa mientras decimos con convicción: “claro que no. No hay nada de malo en mí. Soy y siempre será perfecta. Soy el amor de Dios dentro de mi corazón. Soy como tengo que ser: yo misma.

Gracias, por siempre escuchar a tú corazón, porque esa es la voz de Dios. Aunque a veces el hacerlo te haya puesto en un camino difícil, pero fuiste una niña valiente y ahora eres una mujer valiente.

Tú lo sabías todo. Y pensar que las personas cuando crecen creen que los niños no saben nada.

Te amo mi niña hermosa, mi Eliana bella,con esa dulzura, esa inocencia, esa pureza, esa creatividad, esa imaginación, ese amor por la libertad y esa ternura que todavía me acompaña. Mi alma está intacta. Mi alma sigue siendo amor verdadero. Gracias, por no encajar entre tanta gente. Gracias por hacerte todas esas preguntas. Gracias por buscar la verdad, aunque hayas sufrido tanto en silencio.

Cuento orgullo veo en tus ojos, al ver en lo que me he convertido. Soy una escritora libre, mi amor. Soy libre, como tú. Eres libre. Vuela alto mi niña. Te invito esta noche a volar en nuestra alfombra mágica, como lo hacíamos hace tantos años. Esta noche volaremos alto, tan alto que veremos todas las estrellas del universo.

Te amo ❤️
Dios te bendiga

CON PASIÓN Y SIN MIEDO: vivirás siempre dentro de mí. Siempre estarás en cada paso que dé. En cada decisión que tome. En cada momento de alegría y tristeza. Tú serás siempre mi guía. Nunca podré olvidarme de ti, porque sé que tú nunca podrás olvidarte de mí.

Foto Naim Benjelloum Pexels



Deja tus comentarios aquí: