Celebremos

En mi país hay meses como julio y diciembre cuando abundan graduaciones y bodas. En mi época de estudiante julio era un tiempo especial porque cerrabas un ciclo y te ilusionaban las vacaciones. Mientras que diciembre era un mes de fiestas. Este mes además tiene un significado muy especial para mí. En diciembre los kabbalistas celebran Jánuca, la fiesta de las luces, que recuerdan un gran milagro.

Graduaciones, bautizos, bodas, cumpleaños son ritos que nos permiten realizar alguna ceremonia o propiciar un encuentro que generalmente compartimos con personas que nos quieren y que queremos.

Si reina la felicidad, al recuerdo de estos momentos se puede recurrir incluso para darnos fuerzas y levantarnos el ánimo en instantes no tan buenos.

En julio pasado asistí a una boda eclesiástica celebrada en un hotel de playa. Éramos un grupo reducido. Familiares y amigos cercanos de la pareja nos reunimos en la pequeña capilla y mientras el sol se iba poniendo sobre el mar, José y María (son nombres reales) se daban el sí quiero, en medio de la emoción que nos causaba. María usó una mantilla que le daba un aspecto romántico y tierno. José vestía de blanco. Cuando el sacerdote recordó los principios de la boda católica los acompañamos en el compromiso que adquirían y todos ofrecimos nuestras bendiciones. La recepción  tuvo el cielo como techo. Los colores blanco, azul turquesa y tabaco predominaron en medio de tules, cortinas de conchas marinas y mobiliario confortable. Una suave brisa marina se paseaba por las mesas y la pista de baile. Fue un momento de felicidad, alegría y esperanza por esta pareja que inició un nuevo hogar.

En mi familia se ha hecho tradición que la gran camada de primos que se han ido acercando a los 50 años realicen una gran fiesta. A los tíos que ya pasaron los 70 años se les organiza también una gran reunión en donde rendimos homenaje a su vida y los honramos como nuestros padres. Se han convertido estos encuentros en escenario para que miembros de la familia extendida nos veamos nuevamente y renovemos el amor que nos tenemos. La pieza de Rubén Blades, Amor y control se usa como himno para la reunión.

Yo  que más joven no le veía mucho sentido a celebrar 15 años, no entendía la emoción de los padres al uno graduarse, menos comprendía el significado de una boda y tampoco le hallaba mucho sentido a fiestas colectivas como Navidad, poco a poco tomé conciencia de lo importante que son estos instantes, de lo fundamental que resultan para integrarnos en nuestras “manadas” y de lo enriquecedor que puede ser para uno como individuo y a la vez como parte de un colectivo.

Mi aprendizaje en todo este tiempo ha sido que esas pausas para vivir la alegría son muy alentadoras y nutren sobremanera el espíritu. Son ocasiones para aplaudir, estar felices, compartir y ver todo lo positivo que nos ofrece la vida. Así que ya al cierre de 2014 los invito a celebrar y a mirar el 2015 con toda la ilusión de las historias que están por comenzar.

Funciona para mí

Para evitar que la organización de un evento de celebración se convierta en una suerte de amargura por la tensión, la necesidad de controlar todo y las expectativas de los demás se sugiere ser previsivos. Evitar dejar para última hora los detalles porque siempre surgen imponderables

No toda celebración debe implicar el consumo de bebidas alcohólicas. Un brindis no está de más, pero convertir una fiesta en una ocasión para sobrepasarse con la ingesta de alcohol no es muy recomendable.

El maestro kabbalista  Ariel Grunwald sugiere que si nos invitan a una celebración es conveniente tener conciencia de compartir la alegría y en vez de exigir atención suprema por parte del anfitrión, ver qué podemos aportar para que la fiesta sea un éxito.



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