Celos, malditos celos

Hablemos de ese tema que nadie quiere abordar.

En lo personal, soy una persona territorial, sobretodo a la hora de comer. Mi plato de comida es mi universo, es mío y no quiero que ningún intruso se acerque a él. No tanto porque pueda quitarme alimento, sino porque puede alterar el orden en el que coloco la comida y todo mi universo alimenticio perderá estabilidad. No será igual. Nunca más.

Algo parecido nos ocurre en otros ámbitos de nuestra vida, pero el más tabú de todos es el ámbito personal. Cuando estamos in love, o nos gusta alguien, esa persona pasa a ser nuestro plato de comida, y cualquiera que intente el más mínimo movimiento entra a la lista negra de por vida. (eh, DE POR VIDA)

Verán, por mucho que queramos negarlo, disimularlo o evadir el tema, todos somos celosos. Es la realidad, no le den más vueltas al asunto. Yo misma he sufrido ese incómodo momento de:

– ¿Estás celosa?…

– ¿Celosa? ¿Yo?… No vale, nada que ver. *explosión mental*

No sé si sea mi necesidad de decir la verdad, o el hecho de que mis ojos se han vuelto realmente expresivos con el tiempo o que simplemente no sé disimular. Pero sé que no estoy sola en el universo, sé que la mayoría de nosotros sufrimos intentando hacer la mejor pokerface que termina en una mueca que ronda entre estreñimiento y risa nerviosa.

Es insufrible.

En lo personal, opino que el sentir celos no es algo malo, aunque la sociedad diga lo contrario. Sentir celos es natural, es humano. Si me gustas, me volveré terrenal con cuanta persona se acerque, y eso no significa que esté loca o sea una psicópata o vaya a asesinar a alguien (aunque en mi cabeza pueda tener ya diferentes maneras de hacerlo parecer como un acto de Diosito).

Hoy en día existe un aspecto que también nos hace más susceptibles al área celística: redes sociales. Benditas y retorcidas redes sociales.

Entro a Facebook y estás ahí, lindo y hermoso como siempre… Cubierto por trillones de likes, corazones ajenos y cualquier cantidad de cosas generadas por manos desconocidas. Cierro el universo de Facebook para dirigirme a Instagram y se repite la misma historia, y así siempre, siempre, y siempre.

Las redes sociales nos obligan a ser tolerantes (a algunas, hay otras que sí son bien zás zás) y nos conlleva a trabajar en la virtud de la paciencia y tolerancia, permitiendo que otras féminas se expresen libremente, y sin terminar en algún contenedor de basura en la madrugada.

Creo que ha llegado el momento de trabajar en el tema. De verdad, lo recomiendo mucho, no sólo porque generará mayor confianza con la pareja, sino porque nos permite expresarnos sin acumular todo ese estrés innecesario.

Sinceramente, es un tema que se puede hablar, siempre sabiendo respetar a todos los involucrados y sin ejercer ningún tipo de violencia. Las veces en las que he decidido conversarlo con mi pareja y hacer las paces con ese demonio interno que se desata cuando veo los “<3” sueltos en todos lados ha resultado muy bien.

Para él, pero sobretodo, para mi tranquilidad.

Love, R.



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