Cinismo pop en la era digital

Internet cambió para siempre el modo en que nos comunicamos, es un hecho. En los últimos quince años la cantidad de información disponible se ha multiplicado exponencialmente, y nuestras estructuras mentales han debido transformarse, con mayor o menor dificultad según el caso, para adaptarse a los innumerables medios de comunicación masiva que evolucionan, aparecen y desaparecen, a veces antes de que podamos mencionarlos.

La red es la fuerza comunicacional con mayor presencia en el planeta y define cultural y socialmente la primera década de este siglo. Produce noticias, cantantes, revueltas, rumores, bufones, reality shows y un universo entero, multicolor y polifónico, de realidad y apariencia. Es el lugar donde lo humano ha elegido exhibirse. Si a la esencia de una época se le llama «Cultura», internet es la nuestra.

Nunca antes los usuarios estuvieron tan involucrados en la construcción de un medio de cultura masiva que anuncia la hegemonía del acceso y el ocaso de los intermediarios, al menos en el sentido tradicional. En esta era postmoderna, las masas reclaman nueva gerencia y nuevos modelos comunicacionales, unos en los que el individuo es el centro del sistema. «Usuario» es la palabra clave que abre todas las puertas.

La idea de fondo es que los usuarios no necesitan intermediarios que filtren los contenidos y les digan que deben ver, leer y escuchar. Los canales de televisión, las emisoras de radio y las editoriales frecuentemente manejan criterios ajenos al público general, y promueven propuestas por motivos que nadie tiene muy claros. En este sentido, internet se erigió como una comunidad independiente, con identidad propia, que no estaba dispuesta a apelar a la autoridad de los medios tradicionales y los dejó a un lado.

Desde cierto punto de vista pareciera que en menos de veinte años se han alcanzado los objetivos y que la red es, con ciertas excepciones y puntos a discutir, un espacio fundamentalmente libre en el cual los usuarios tienen poder efectivo y una presencia indiscutible. Sin embargo, no es la sensación que tenemos y no son pocas las voces que advierten ciertas contradicciones y excesos.

cinismo-popNunca antes los conceptos de tiempo y espacio fueron tan relativos. El ritmo de nuestras vidas condena todo a la banalidad y al olvido. Tenemos acceso instantáneo a tanta información, y son tantas las posibilidades: programas, series, películas, videos, escándalos y discos, que es casi imposible recordar el terremoto de Haití o la muerte de Osama Bin Laden. Queremos vivir en todas partes y al mismo tiempo aunque sabemos que es imposible. Las cantidades de contenido son tan monstruosas que la verdad se diluye en la opinión y lo trascendental en lo trivial. Nuestra capacidad de asombro se encuentra completamente saturada y desbordada, por eso tenemos esa sensación constante de haberlo visto todo.

La fama jamás fue tan ambigua y efímera. Todo el mundo tiene una banda, un blog, un perfil en Facebook, una cuenta en Twitter y un video en Youtube. Todos son fotógrafos y escritores y publican en Tumblr y en Flickr. Todos somos críticos y artistas, queremos participar pero sobre todo pertenecer y gustar. El hambre de entretenimiento es insaciable en esta era del cinismo pop donde todo es posible y relativo, en la que cada vez es más fácil parecer alguien y pretender que se hace algo, aunque no sea completamente cierto ni suficientemente bueno.

Actualmente existe una relación inversamente proporcional entre la cantidad y la calidad del contenido, necesitamos menos información y más conocimiento, más arte y menos circo. En medio del caos y el exceso que nos rodean comienza a vislumbrarse una tendencia más crítica que quiere ser inteligente. Consciente de que no toda la información disponible es necesaria, se hace más selectiva y rigurosa. Comienza a darse cuenta de que en la calidad y en la sustancia hay verdadero poder, verdadera libertad.

 



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