Coaching ejecutivo: debilidades y amenazas

El coaching ejecutivo representa una respuesta de las evoluciones sociales y organizacionales contemporáneas. A pesar de ser una profesión con falta de reglamentación, somos testigos de un proceso de profesionalización importante. El mercado del coaching contiene fuertes retos económicos y humanos, pero también numerosas incertidumbres. Si aplicamos la famosísima matriz F.O.D.A. a nuestra profesión, podemos darnos cuenta rápidamente que los numerosos retos que debemos enfrentar nos prometen un futuro apasionante, siempre y cuando seamos capaces de seguir proponiendo y aplicando reglas y normas.

Debilidad: Existe una verdadera dificultad en difundir lo que hacemos.

Nuestra paradoja principal consiste en ser profesionales de la comunicación y en no ser capaces de comunicar lo suficientemente claro sobre lo que es coaching, cómo se desarrolla y lo que no es. ¿Cuántas veces, al acercarse a un nuevo cliente, éstos nos aseguraron conocer la práctica del coaching, y nos dimos  cuenta rápidamente que estaban muy confundidos?  Consultor, manager, mentor, líder, la pelea es cotidiana para dar a conocer realmente lo que somos y qué hacemos.

Los esfuerzos saludables que hicieron los grandes organismos internacionales de coaching como la ICC o la ICF para promoverlo, para darle una ética, para que hablemos juntos el mismo idioma, no son aún claramente suficientes. El mercado “jugoso” que representa el mundo del asesoramiento atrae cada día un número más importante de personas que se reivindican del coaching sin tener la mínima idea de lo que es realmente. Sin tener la mínima formación o experiencia adecuada. Son los que dañan la profesión y contaminan nuestro intento de explicar de forma pedagógica y clara lo que hacemos. Todo el mundo conoce el caso de empresas que no quieren escuchar nada más del coaching porque tuvieron malas experiencias con personas sin escrúpulos.

Nuestra segunda debilidad viene del hecho de que el coaching es víctima de su propio éxito. Su capacidad inmensa para potenciar hizo que se acercaran rápidamente los medios de comunicación, entre ellos la televisión. Si ella ofreció rápidamente espacios, su formato (fácilmente entendible, visual, lúdico) no cuadra necesariamente con la esencia del coaching. La multiplicación de los programas de coaching no refleja su realidad. Se eligió lo espectacular sacrificando la parte reflexiva, creadora de conciencia. Y los que salieron al aire, supuestamente embajadores del coaching, presentan una versión light, muy lejana de nuestro trabajo diario.

Amenaza: Se están acercando brujos y gurús*

Ejecutivo, Ontológico, De Constelación, Sistémico, Político, Gerencial, Grupal, De Negocio, Financiero, De Familia, Experto, De Acción, Empresarial, De liderazgo, Transformacional, De Atracción… los calificativos del coaching son numerosos y asombran, tanto al público como a los profesionales mismos. Cada nueva práctica que aparezca reivindicándose del coaching nos obliga a cuestionarnos. ¿Realmente ejerzo la misma profesión que alguien que se ayuda del tarot para aplicar supuestamente coaching? ¿Cómo nos diferenciamos?

La dificultad que encontramos, no solamente para dar a entender lo que hacemos sino para difundirlo a alta escala, permite a numerosos brujos o gurús entrar en la brecha abierta, surfeando sobre la semántica, jugando con las palabras, y así ofreciendo prestaciones deficientes sin ninguna deontología. Frente a este tipo de comportamiento, las herramientas que tenemos para contraatacar quedan aún muy por debajo de los retos.

Además nuestra calidad del servicio aún es difícil de evaluar, tanto antes como después de la prestación. La información es asimétrica. Nos obliga a cuestionarnos sobre una necesaria búsqueda cualitativa capaz de identificar el impacto real del servicio de coaching ofrecido. Más allá de su propia promoción, cada profesional del coaching tiene una obligación de difusión y de institucionalización de las normas establecidas por la profesión. Los esfuerzos saludables y necesarios hechos por los grandes organismos de coaching no bastan con los retos establecidos. Hoy en día no se trata solamente de establecer y de cumplir con normas deontológicas, sino más bien de ser capaz de plantear una matriz universal de eficiencia, con el fin de garantizar a nuestros clientes la calidad de servicio que se merecen.

Conclusión

Lamentablemente, no hemos establecido aún la manera de cómo nos interrelacionamos internamente, como profesionales, en la aplicación de nuestra práctica con respecto a la competencia o al entorno en el cual nos desenvolvemos.

El coaching tiene altos niveles de pertinencia, ya que ninguna empresa se encuentra ajena a la búsqueda de alternativas para mejorar el desempeño de su fuerza laboral, sistemas, procesos y las relaciones en la organización, envueltas en un entorno global complejo y caótico. Sin embargo, la dificultad que encontramos al reglamentar tanto nuestra práctica como el mismo uso del término coaching, puede llevarnos a un futuro muy delicado, donde el coaching ejecutivo será visto como un fenómeno de moda, ya pasado y no como es realmente, es decir, una práctica capaz de cambiar radicalmente el destino de cada uno para un futuro mejor.

*Libremente inspirado del título de la conferencia de Wolfgang Hoffmann, “Brujos, magos e ilusionistas del coaching”.



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