Coaching: el peligro de buscar recetas

Coaching: el peligro de buscar recetas

En estos tiempos líquidos, cuando todo pasa con gran vertiginosidad, muchas personas acuden a un coach buscando la solución de su vida.

Desde un planteo general esto no tiene nada de malo: buscar ayuda es siempre una buena alternativa para superar desafíos de distinta índole. El problema aparece cuando lo que se quiere son recetas, con la misma lógica con la que se toma una aspirina para disminuir el dolor de cabeza.

El coaching es una disciplina que, ejercida en forma profesional, trabaja desde el estado presente al futuro deseado del cliente, a quien muchos llaman “coachee”. Las distintas escuelas postulan modelos que tienden a ser, al final, complementarios entre sí. Desde el observador y la recurrencia en las preguntas para impulsar respuestas que promueve la ontología, hasta el conductismo de ciertas corrientes norteamericanas, hay una extensa brecha de oportunidades.

Como en todo, depende del cliente, y del profesionalismo y experiencia del coach, para que se obtengan los resultados.

  • El cliente

Cuando buscas un coach, es importante que tengas muy en claro qué quisieras lograr como punto de partida para encauzar mejor el proceso. Las conversaciones fluirán con mayor sentido, y enfocadas apropiadamente en los temas que te preocupan.

Estas preguntas te ayudarán para afinar la puntería: ¿Para qué quiero un coach? ¿Cuál es el objetivo concreto que quiero lograr? ¿En qué tiempo específico? ¿Qué estoy dispuesto a hacer para conseguirlo? ¿Qué me impide lograrlo por mí mismo? ¿Cuánto estoy dispuesto a invertir en tiempo y dinero? ¿Qué tipo de coach me gustaría? ¿Qué avales me gustaría que tenga mi coach?

Si, por el contrario, contratas un coach y le pides que te dé todas las respuestas, quizás quieras un mentor, que es alguien que puede interactuar desde ese lugar contigo, dándote orientación sobre muchos campos. O councelors, consejeros para que te escuchen desde esa posición.

Hay coaches que trabajamos, según los casos, con las herramientas combinadas, lo cual exige experiencia y destreza en el abordaje para calibrar apropiadamente a cada persona. Esto no todos lo logran, porque se requieren décadas para adquirir la solvencia necesaria de acompañar desde el lugar apropiado para cada persona. Esto no se reemplaza con la técnica, con el estudio de un modelo o un sistema estructurado: simplemente sucede.

El camino más profundo nace de tu ser, no de tu hacer. Si hay algo en el hacer que no funciona para ti como quisieras, lo ideal es que te sumerjas en un proceso de ir hacia dentro. Quizás sea más lento, no tan de “espejitos de colores”, sutil y paulatino.

Otra perspectiva sería el definir metas concretas para encarar un proyecto; en esto el coaching es excelente para proyectarte en poco tiempo hacia una mayor claridad y determinación.

  • El coach

Desde la visión multidimensional de las incumbencias del coaching, independientemente de las escuelas y corrientes de formación, es indispensable transmitir una estructura y modelo de trabajo para que el cliente sepa desde dónde se acciona.

Procesos excesivamente largos, con escasos resultados tangibles, baja estimulación de la motivación intrínseca del cliente y escasa asertividad llevan al desgaste y a la frustración, posiblemente de ambas partes.

De allí que es fundamental desarrollar herramientas propias que el coach pueda proyectar, y no quedarse exclusivamente con lo que aprendió en su formación. Al igual que en la vida, lo mejor viene de la experiencia práctica.

El estar siempre dispuesto a dar un consejo a un cliente, o una receta desde dónde accionar, puede funcionar si y solo si el cliente lo solicita específicamente.

No hay recetas en el coaching, como la vida no tiene recetas para vivirse. Hay un proceso, y la tarea del coach es encauzarlo, ajustarlo, calibrarlo y rediseñarlo tantas veces como sea necesario, trabajando con el más íntimo y profundo compromiso con la integridad de su cliente.

Diferente es el caso si te dedicas a escribir artículos en medios, donde lo inespecífico de los públicos permitirá que puedas explayarte con sugerencias que, casi siempre, son bastante generales. Sin embargo, entrevistas, notas, publicaciones en medios, libros, videos y redes sociales son canales excelentes para expandir tu trabajo, y, a la vez, de una manera humilde y sincera, compartir algunas de tus vivencias, transformadas en relatos que puedan ser de utilidad.

Cada persona necesitará trabajar internamente en su propio proceso; es ella la que vive todos los días con esos dilemas. Por tanto, será inexcusablemente ese ser humano el que deberá tomar todas sus decisiones, asumir los riesgos, atravesar los desafíos, sumergirse en las aguas turbulentas, y, si se anima lo suficiente, encarar su transformación. Y esto, un coach solo puede guiar y acompañar: no reemplaza la responsabilidad individual que debe asumirse.



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