Coherencia en tiempo de crisis

COHERENCIA EN TIEMPOS DE CRISIS

Una palabra que quizá muchos mencionamos y usamos sin entenderla muy a fondo, porque en realidad no es tan fácil de conceptualizar. Así que resulta muy oportuno en los días que corren comprenderla mejor, ya que es mucho lo que podemos aprender y sobre todo aplicar de ella; incluso antes de pasearnos por el terreno espiritual que alude la práctica del yoga.

Si buscamos la palabra coherencia en el diccionario, nos encontramos con conceptos nada amigables para una palabra tan poderosa; pero si seguimos indagando, hallaremos otros significados algo más amplios y que bien merecen considerarse: del latín cohaerentia, es la cohesión o relación entre una cosa y otra. El concepto se utiliza para nombrar a algo que resulta lógico y consecuente respecto a un antecedente. Como vemos, no es tan simple entenderla y menos captar y aprender lo que está implícito en ella.

COHERENCIA EN TIEMPOS DE CRISISEn un vislumbre que nos pudiera llevar, a través de la propia coherencia, a entender y sobre todo a trascender esas duras y adversas circunstancias de la vida (como las que vivimos actualmente los venezolanos), nos topamos con que esta palabra es muy usada en el contexto de las sociedades actuales que se caracterizan por una “falta de coherencia” entre las necesidades de los ciudadanos y su accionar. Se suele hacer siempre referencia a las decisiones y promesas de un gobierno. Ser coherente con las propias declaraciones y con los planes es sinónimo de responsabilidad y es un rasgo que los ciudadanos buscan en sus dirigentes para poder confiar en ellos.

¿Qué hay con la propia coherencia? Muy comúnmente los seres humanos nos sentimos perdidos, especialmente al llegar a ciertos puntos clave de nuestra vida como si no supiéramos quiénes somos, cuáles son nuestros objetivos y por qué actuamos de una u otra forma. Esa sensación de no tener control sobre nosotros mismos está relacionada con la falta de conexión que existe entre nuestros deseos profundos y lo que realmente hacemos. Pero no se trata de una mera equivocación, sino de la consecuencia de una fuerte influencia que nos condiciona desde que nacemos y arrastramos en todas las etapas de nuestra vida convencional: el mundo nos dice cómo debemos ser, qué debemos hacer, qué debe gustarnos y en muchos casos, acabamos por creerlo; aunque tarde o temprano la verdad terminará por aflorar. De allí lo vital de intentar vivir cada día con coherencia.

Aquí el yoga tiene mucho que enseñarnos. Vivir coherentemente desde esta milenaria filosofía de vida está relacionado de forma directa con la no violencia, ahimsâ, que para los practicantes de yoga es un concepto bastante familiar. Resulta ser el primer paso del sendero óctuple del yoga: no violencia, no daño, no injuria, inofensividad, etc., pero la aplicación del principio de no violencia va todavía más lejos al extenderlo tanto a los seres animados como inanimados; lo que le da al mismo un sentido profundamente ecológico.

Hay que aclarar que la violencia que se busca tener bajo control puede ser de cualquier grado de intensidad y a nivel de pensamiento, palabra y/o acción. En una situación de violencia podemos ser partícipes directos o simplemente avalarla o justificarla. Todo esto entra en el precepto de ahimsâ, porque es esencialmente una actitud interior y no solo algo externo. La intolerancia, la descortesía, el agravio verbal, un pensamiento de odio son formas muy dañinas de violencia, e implican una gran energía que debemos canalizar en sentido contrario e intentar, por ejemplo, ponerla al servicio de un camino espiritual.

La no violencia es una forma coherente de enfrentar la vida, no de huir de ella. Es una forma de pararnos frente a la maldad tanto interna como externa. Es una actitud esencial para el conocimiento y el cambio tanto personal como social. No podemos ser violentos y al mismo tiempo ver nuestra realidad existencial. No podemos ser violentos si queremos lograr la serenidad de la mente; requisito para llevar una vida que nos aleje del sufrimiento y nos acerque a la felicidad y a nuestra verdadera esencia espiritual. La práctica de la no violencia implica entonces, un alto grado de atención y coherencia en todo lo que pensamos, sentimos, deseamos, decimos y hacemos.

Los saludo con la pureza de mi mente y el amor de mi corazón.



Deja tus comentarios aquí: