¡Coman huevos! pero con seguridad

Los huevos son considerados como el alimento más completo que se puede encontrar en el planeta. Su versatilidad a la hora de ser preparado le confiere un espacio insustituible en nuestro régimen alimentario, pues en pocos minutos se obtiene un alimento de alto valor nutritivo, fácil de masticar y de digerir incluso por niños y ancianos.

Un huevo aporta cerca de 80 Kcal. La clara del huevo aporta el mejor perfil proteico, numerosas vitaminas A, E, D, Ácido Fólico, Complejo B, y minerales como Hierro, Fósforo y Zinc. De hecho, toda la Vitamina A, E, y D que posee un huevo se encuentran en la yema, y si bien es cierto que contiene grasas, su contenido total es de 4,5 g por unidad, de las cuales 1,5 g son grasa saturada y el resto insaturada (grasa de las “buenas”).

La cáscara, además de ser rica en calcio, cumple una función protectora, por lo que se puede decir que el huevo es un alimento “estéril”. Sin embargo, al romperse, las bacterias circundantes pueden contaminarlo rápidamente.

La bacteria más comúnmente asociada a los productos de corral es la Salmonella Enteritidis, debido a  su adaptabilidad y rápida tasa de crecimiento. Esta puede pasar a la cáscara a través de las heces de las gallinas, que suelen ser portadoras. Una vez alojada en la cáscara, puede permanecer allí por mucho tiempo, y si no se tienen los cuidados adecuados puede incluso llegar a contaminar la clara y la yema del huevo justo al momento de descascarar.

Sean de gallina, codorniz, avestruz o de cualquier otra especie, los huevos son susceptibles a contaminación por Salmonella por lo que al consumirlos crudos o poco cocidos, pueden causar una Enfermedad Transmitida por Alimentos (ETA) conocida como Salmonellosis. Esta enfermedad manifiesta sus síntomas entre 12 y 72 horas después de consumir el alimento contaminado, con fiebre, dolor abdominal y diarrea.

Para minimizar el crecimiento de la bacteria durante el almacenamiento, sugiero que al seleccionar los huevos en el supermercado, escojan aquellos que estén en el refrigerador y en perfecto estado, es decir que no presenten grietas en la cascara. Asimismo, evite aquellos empaque con golpes o muy sucios.

Al llegar a casa, coloque los huevos en el refrigerador a una temperatura menor de 4°C y manténgalos a esa temperatura hasta su utilización. Las bajas temperaturas limitan el crecimiento de las bacterias, minimizando el riesgo de propagación.

Al cocinar, tenga en cuenta que debe hacerlo hasta que la “Yema” esté firme y a una temperatura mayor a los 70°C. La Salmonella se desarrolla entre 5 y 60 °C, por lo que al ser sensible a la temperatura, el proceso de cocción en una buena estrategia para disminuir su presencia y evitar enfermedades.

Al comer fuera de casa, evite las salsas y mayonesas preparadas con huevos frescos, son deliciosas pero también muy peligrosas, pues al no pasar por un proceso de cocción, pueden contener una carga de bacteria suficiente para hacernos sentir muy mal. Evite comer huevos de un buffet, pues para evitar sobre-cocción durante su exposición pueden ser colocados a medio cocinar  o por el contrario, pueden permaneces mucho tiempo a temperaturas muy bajas.

Sirva los huevos inmediatamente después de cocinarlos y si quedan algunas “sobras” guárdelas en el refrigerador antes que se enfríen en un recipiente poco profundo.

Recuerde que el éxito de una cocina segura radica en esos pequeños detalles al momento de manipular los alimentos. La higiene de las manos, utensilios y la superficie de trabajo son esenciales para prevenir la contaminación cruzada y minimizar el riesgo de transmitir ETA.

Y a ti, ¿cómo te gusta comer los huevos?



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