Come sano en tu trabajo

Come sano en tu trabajo

Muchos vivimos en el trabajo. Las oficinas se vuelven una sucursal de nuestro hogar, donde hacemos amigos, nos alegramos, peleamos y nos molestamos, como si de nuestra familia se tratase. Y al pasar tanto tiempo en nuestros cubículos, nuestra alimentación muchas veces sufre.

En la oficina comemos lo primero que nos pase por la mano, la comida rápida se vuelve parte fundamental de nuestra dieta y caemos en la tentación del típico dulce a mitad de la tarde para «alegrar la jornada». Esos descuidos se terminan traduciendo en pantalones más apretados, rollitos en la barriga y arrepentimientos que sentenciamos con la frase «el lunes comienzo la dieta».

Si nuestro trabajo es gran parte de nuestra vida, podemos hacer de él una oportunidad para comer sano, y que los pantalones también nos queden más holgados. Aquí te doy unos tips para lograrlo:

Lleva tu comida: Esto parece básico pero muchos no lo hacen. Entre el cansancio y la rapidez con la que vivimos, preferimos comer en la calle que llevarnos «la vianda». Y en pocos lugares vas a poder comer igual de sano que en tu casa. Es cuestión de ponerle, literalmente, manos a la obra. Cocina los domingos para toda la semana y para que tus comidas no sean tan monótonas, juega inventando con los acompañantes: un día puré de batatas (sin mantequilla ¡por favor!) cebada en vez de arroz, etc. Además, tu bolsillo también te dará las gracias cuando veas que esa semana gastaste mucho menos que la anterior. Y con la plata que te sobre, vas ahorrando para comprarte unos pantalones de una talla más pequeña.

Planifica: A la mayoría les da terror el comer «siempre lo mismo». Así que toma unos minutos de tu día o de tu fin de semana para planificar un menú. Aprovecha cuando estés atorado en el tráfico, o cuando sientes que el autobús no se mueve ni para los lados. Ve pensando en recetas que puedas hacer que te rindan para varios días. También incluye meriendas sanas, como manzanas, almendras o nueces, que son fáciles de llevar a todos lados.

Húyele al saboteo: Aléjate de puestos de galletas, cafés con olores embriagadores y esa panadería por la que pasas en la mañana que siempre dice «ven a mí«. Piensa que si ya tienes todo en tu lonchera, no tienes nada que buscar en la calle. Pon unas bolsitas de té de sabores al lado de la cafetera de tu oficina para tener una alternativa más sana. Por supuesto, el único lugar que no debes evitar, es el dispensador del agua potable.

Organízate con tus amigos: ¿Tienes un compañero que siempre te invita a comerte «algo»? Dile que estas tratando de comer más sano. Seguro que alguno de los que trabajan contigo anda en la misma nota y en estos casos la verdad es que la unión hace la fuerza. De la misma manera que se reúnen para ver «qué hacen el viernes» pueden hacerlo para intercambiar recetas sanas, darse apoyo y hasta hacer «días de traje»: uno traiga la ensalada, el otro que traiga el pollo.

Y si todo falla y tienes que comer en la calle, recuerda elegir inteligentemente. En todos los restaurantes puedes encontrar platos a la plancha y ensaladas. Recuerda mantenerte alejado de empanizados, frituras y rebosados e irás por buen camino. Si los carbohidratos naturales o integrales se te hacen difícil, pasa directo al postre comiéndote una fruta. Matas las ansias del dulce y haces una comida completa.

Recuerda que la decisión de comer sano la tienes tú. Si mantienes eso en mente, más lo pensarás antes de llevarte esa donut a la boca a mitad de la tarde. Olvídate de la idea de «el lunes comienzo la dieta» y empieza a comer sano desde hoy. Bueno, mañana, para que hoy vayas al mercado.



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