Comenzar a vivir

¿Nunca les ha sucedido que tienen la sensación de que están esperando el momento correcto?

¿El momento correcto para comenzar a vivir?

Curiosamente, a mí me ha pasado desde que tengo memoria. He crecido preparándome para algo, nutriéndome de información, experiencias y puntos de vista para ese momento en el que mi vida realmente comience y mis únicas herramientas sean valores internos y mi fuerza de voluntad.

Es extraño definir en qué momento despertamos y decimos pues bien, ya no habrá vuelta hacia atrás y nos lanzamos en una aventura con lo poco que tenemos pero con todas las ganas y con la mejor de las sonrisas.

Ya sea algo sencillo como comenzar una dieta o algo más engorroso como pedir un divorcio, siempre será necesario mentalizar la situación y comprender que después de la decisión nada será como antes. Lo interesante de este principio es que aprendemos rápidamente a mirar nuestro pasado como un ente externo y autoevaluarnos, entendiendo quizás errores cometidos o situaciones mal manejadas. Cuando aceptamos un nuevo comienzo o etapa en nuestra vida nos volvemos jueces de lo que ya hemos caminado, y de ahí podemos apoyarnos para decisiones futuras.

También habría que entender que la felicidad o infelicidad de nuestras decisiones dependen netamente de nosotros. Si lo vemos bien, las cosas que nos hacen miserables son las mismas que podrían hacernos felices, y así comprendemos que la felicidad e infelicidad forman parte de la misma ecuación, lo que varía es la manera en que observamos la misma.

Durante el último mes, mi vida ha tomado cambios bastantes contundentes. Las decisiones las tomo una tras otra y casi sin poder pensarlas, esperando que al final sean lo mejor que podían ser. Me he encontrado totalmente sorprendida y sumergida en la idea de que hace un año no tenía ni una pista sobre cómo sería mi vida hoy en día, y en el fondo nunca quise predecirlo o planificarlo más allá de lo general, esperando siempre que me sorprendieran los cambios y el paso abrumador del tiempo.

Pues, admito que me ha sorprendido, y de muy buena manera. No sé si sea mi antojo de ver todo como algo bueno o si más bien mi vida se ha convertido en algo positivo en sí, pero una cosa sí es cierta: he comenzado a vivir, y vivir feliz.

Todo parece estar en orden, todo parece encajar perfectamente. Lo malo no tiene importancia, lo bueno siempre es mejor de lo esperado. Quizás es felicidad o la madurez de entender y aceptar tu vida.

Comenzar a vivir es un proceso complicado. Muchos crecemos esperando ese momento sin saber cuándo vendrá. Algunos queremos estar preparados y otros prefieren ignorar ese sentimiento de que algo vendrá, bueno o malo, pero algo en fin.

En mi caso llegó. Y llegó de una excelente forma.

Love, R.



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