Comenzar de nuevo

Por primera vez en casi 20 años estoy desempleado. Se siente muy raro todo esto, no tener horario ni obligaciones contractuales con nadie. También es triste cuando, al buscar a mi hijo de 4 años en su colegio, me pregunta «Papi, cómo te fue hoy en tu trabajo, ¿qué hiciste?». El tema me persigue, pues hace pocos días escuché un programa de radio en el que se hablaba sobre el Síndrome del Jubilado, como un cuadro depresivo que puede dar paso a enfermedades más comprometedoras.

Viene a mi cabeza la muy trillada y manida frase de «comenzar de nuevo». Si ponemos esta oración en google pueden salir más de 100 cursis imágenes de amaneceres y gente con cara de alegría tratando precisamente de «comenzar de nuevo». Pero, ¿cómo se hace esto? ¿Qué significa realmente?

Por mi parte, cuando RCTV (canal de televisión venezolano) decidió poner fin al Departamento de Prensa tras 5 años de agonía luego del cierre de la televisora en 2007, sentí al mismo tiempo alivio y tristeza muy profundos. No olvidaré jamás que me tocó hacer a mí la última emisión de El Observador aquel 27 de mayo, por lo tanto estas líneas son obligatoriamente catárticas. Tal como cuando muere un familiar de una penosa enfermedad, su deceso produce desolación pero también paz en un mismo sentimiento.

Nunca faltaron consejos de amigos como «sigue adelante», «para atrás ni para peinarse», «mejor es lo que pasa» y la infaltable «a comenzar de nuevo». Pues bien, en eso ando. Tengo aproximadamente un mes «comenzando de nuevo». Desempolvando talentos y viendo en mi currículum el paso del tiempo y como evidentemente lo malgastamos sin darnos cuenta de que se derrite rápidamente como un helado.

Para mí, comenzar de nuevo ha supuesto hacer borrón y cuenta nueva. Renunciar a otros cargos temporales que tampoco me hacían muy feliz y quedarme literalmente en la calle, sin trabajo ni remuneración alguna. Ha sido satisfactorio incluso sentirme como un beduino teniendo el cielo como techo para buscar inspiración. Me ha servido como siempre mi familia, ese apoyo incondicional. Mi hijo que me despierta en las mañanas para que le prepare un tetero que ya no debería seguir tomando, me obliga a aterrizar y darme cuenta de que la vida continúa. Mi esposa me sube los ánimos cada día repitiéndome que soy capaz de todo, si lo intento con pasión.

Se siente bien la aventura de comenzar de nuevo, es como tener un mapa aún sin saber a dónde vamos con exactitud. Es recuperar también al niño interno que se divierte con cada cosa que hace y que disfruta cada momento embebido en su mundo, sin que nadie pueda sacarlo de allí. Pero algo es seguro. Hace 20 años estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por trabajar y ser periodista sin importar lo poco que me pagaran. Hoy, en plena reinvención, miro atrás y pienso que deben pagarme para poner un pie fuera de mi casa, pues no quiero salir de ella y perderme en vano todo lo maravilloso que ocurre dentro.

Empezar desde cero me ha permitido poner en una mesa lo verdaderamente importante, lo fundamental. Me ha hecho aligerar el equipaje y escoger solo lo esencial para emprender esta segunda etapa del viaje por la vida. El destino es incierto pero la manera de viajar la tengo clara. Luchar por lo vital y despreciar todo lo que sea accesorio. No se trata de ser hippie sino de botar a la basura la pesada carga de conseguir éxito, fama y dinero a costa de lo que sea. En estos días he recibido algunas propuestas laborales y solo con una llamada telefónica he podido darme cuenta de si me interesa o no. Le he comentado a mi esposa que con esas llamadas he sentido «un sustico bonito o un sustico feo». He decidido hacer caso solo a las que producen el «sustico bonito», esas que tientan nuestro corazón, esas que retan nuestro destino con buena vibra y esperanza. Por cierto, no dejo de tararear la canción del genio John Lennon (Just Like) Starting Over. Por algo será.



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