Comer con conciencia

Comer con conciencia

Muchas veces nos habrá pasado que al terminar de comer, pensamos, “Con una sola ración habría quedado satisfecho” o al contrario: “Ya estoy satisfecho pero, no puedo dejar comida en el plato”.

Ciertamente, quiero aclarar que no se trata de auparlo a que deje la comida en el plato, en un mundo dividido, donde abunda la comida y también abunda el hambre, uno simplemente no se puede permitir, moralmente hablando, el preparar mayor cantidad de alimentos de la que va a consumir, peor aún desechar alimentos. Esto no quiere decir que debamos seguir repitiendo el error implícito en aquellas dos frases, en las que, de una forma u otra, siempre terminamos comiendo de más.

En la Universidad del estado de Indiana en EE.UU, se encuentra el Center of Mindful Eating—Lo que sería algo así como el Centro para comer con conciencia. Nos plantean poner atención en lo que se come y ser capaz de parar aunque quede comida en el plato.

Llama profundamente la atención porque mientras estamos todos los nutricionistas, científicos y médicos, pensando en qué comer o cuánto comer, desde este centro los psicólogos nos recuerdan la importancia de cómo comer. Se plantea que, si se presta atención al cómo, inmediatamente se estará regulando el qué y el cuánto.

Un ejercicio interesante que ofrecen a quienes acuden a este centro es el de comer una uva pasa. Sólo una. Se sirve la pasa en un plato, y los presentes deben pensar en cuánta hambre tienen, respondiendo en una escala del uno al siete, uno reflejará estar hambriento y siete lleno.

Piense: ¿Cuánta hambre tiene usted?

Luego se les pide a los comensales que aprecien el color, el olor y la textura de aquella pasa. Que la muerdan y que se permitan experimentar sin prisas el sabor en la boca, “como si fuera la primera vez”.

Los invito a que pongan este ejercicio en práctica, no necesariamente tiene que usar una pasa, hágalo con su almuerzo o su merienda, o mejor aún, con aquel antojito de chocolate que lo invade por la tarde.

El primer efecto del ejercicio es que se saborean y se logran apreciar las variantes y las tonalidades del sabor, como resultado también comerá más lento lo que facilitará el que escuche su cuerpo y reconozca con mayor facilidad las señales de saciedad que llegan al cerebro.

Un punto muy interesante es el de saber distinguir el apetito por un sabor y el apetito por una cantidad. Aquí regresamos a los brazos de nuestro querido chocolatito de la tarde. Se ha demostrado que cuando se tiene “antojo” por chocolate, el máximo placer se obtiene en los primeros dos o tres bocados; por lo que tomar una pequeña cantidad y concentrarse en el sabor, la textura y el aroma, terminará siendo más gratificante que “engullir” frenéticamente aquel delicado, suave y aromático alimento de los dioses (Teobroma).

Los resultados de esta práctica los podríamos resumir en: Comer menos y disfrutar más.

¡Buen apetito! …Y ¡Plena conciencia!



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