Cómo afrontar las situaciones irreversibles de la vida

Cómo afrontar las situaciones irreversibles de la vida

Una muerte, un accidente que deja profundos traumas, el despido de aquel trabajo que daba sensación de estabilidad, la ruptura de una pareja, una traición, una estafa… A veces la vida confronta con situaciones irreversibles de las que resulta especialmente difícil sobreponerse.

Quizás una buena máxima a tener en cuenta es aprender a ser como el cobre, que se dobla pero no se rompe. De esto se trata la resiliencia, una capacidad de los seres humanos de sobreponerse a inmensos desafíos. Para lograrlo, cuando ya no hay nada más que hacer sobre la evidencia de lo que nos ha roto por dentro y por fuera, se depende exclusivamente de esta actitud interna, que llega como consecuencia de las experiencias límite.

  • Se trata de experiencias

Aun en el cine viendo una película de catástrofes naturales; o escuchando la historia de superación de otro ser humano; o viendo cómo un animal resiliente se sobrepone a lo más descarnado que le pueda haber tocado vivir, cada persona se replantea su propia historia. Puede verlo como un hecho aislado, algo al pasar que le sucede a otro, o bien, empezar a mirar hacia dentro para prepararse por si en algún momento le toca.

Las situaciones irreversibles vienen con su carga de angustia, incertidumbre, miedo a veces paralizante, y las consecuencias propias de lo que ha tocado vivir.

  • Una armadura para proteger el daño mayor

Hay un concepto relacionado con la resiliencia que es el del “escudo protector”, que funciona como un freno a los daños mayores que pudiesen provocarse.

El escudo se llama actitud, la mirada íntima y particular con la que ese ser sufriente elige actuar frente a lo inevitable. Se lo podría asimilar con la rigidez de una bola: es muy probable que, ante un golpe fuerte, se quiebre y destroce. Sin embargo, si es elástica, persiste, rebota y se acomoda a las caídas.

Un aspecto para destacar es la diferencia entre lo irreversible y los problemas cotidianos: en los primeros, hay muy poco que pueda hacerse desde el lado humano, excepto adoptar la actitud de resiliencia. Por lo general, la inmensa mayoría de los acontecimientos diarios se pueden gestionar de alguna manera.

  • Cómo afrontar la vida con resiliencia

La resiliencia necesita de varios pasos, al igual que los duelos, ya que de su consecución se podrá salir más fortalecido e íntegro.

El primero es la aceptación. Por más difícil que resulte, es posible reconstruirse con lo que queda, juntando los pedacitos de uno con infinita paciencia y amor. Del “¿por qué a mí?” se pasa paulatinamente al “¿para qué a mí?”, y es justo allí donde aparece el sentido, paulatinamente.

El segundo, colocar una mirada positiva más allá de las circunstancias. Hay miles de casos científicamente comprobados donde una mentalidad optimista frente a una enfermedad con muy mal pronóstico ha producido un resultado favorable, extendiendo la calidad de vida. Aunque parezca un desafío inabarcable, es posible que crezca una flor en el desierto (de hecho, las hay); y también trascender el problema enorme del momento para colocarse en una idea posible de futuro. La palabra “posible”, aquí, es la que da significado al potencial que se puede proyectar para construir lo nuevo. Sin creer en lo “posible” no sucede lo “imposible” desde donde se parte.

El tercero, aceptar que somos seres fuertes y frágiles al mismo tiempo. La fragilidad, entendida como vulnerabilidad, es mal vista en la sociedad actual. Sin embargo, es la que encierra los matices sutiles de la vida, y de ella está conformada la experiencia diaria. No todo se proyecta al plano de bienestar y felicidad inmediata -que alienta también el consumo y la satisfacción instantánea de necesidades superfluas-, sino que en esos trazos sutiles, aparece el potencial de dedicación de cada persona para cincelarse como su propio escultor. Por lo general las personas que en apariencia son más fuertes son las que más se rompen por dentro, porque se lo pasan conteniendo y haciendo fuerza para que no se note que se están rompiendo.

Otras estrategias de ayuda son:

  • No darle la vida servida a quien está en el proceso de resiliencia: permitir que conquiste sus avances en su tiempo personal.
  • Entender que puede pasar largos períodos enojado con la vida, hasta que encuentre el sentido.
  • Saber que la elección es individual. Las personas cuidadoras necesitan saber hasta dónde pueden estar acompañando, como forma de autopreservarse y no verse arrastradas en ese remolino que -por el momento- es pura negatividad e incertidumbre.
  • Buscar ayuda profesional para acompañar los procesos. Las disciplinas indicadas con la psicología, psiquiatría y los expertos en cuidados paliativos.
  • Saber que no se puede luchar contra lo inevitable. Esto solo extenderá el dolor y sufrimiento. Es necesario aceptar, procesar, acompañar y soltar a tiempo, para que cada uno despliegue nuevamente su energía creadora y supere aquello irreversible… si así lo elige.


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