Cómo alejar el hambre de tu cabeza

Siempre que hablamos de dieta pensamos en sufrir. Muchas veces porque la palabra dieta se relaciona en un altísimo porcentaje con hambre. Pensamos que vamos a tener que comer como una Miss, es decir, lechuga y atún. Si acaso un pedacito de piña si nos portamos bien. Si queremos perder peso, y estamos llorando, es muy poco probable que consigamos nuestro objetivo, y es por eso que pasar hambre y hacer dieta, nos lleva al fracaso. Es imposible llegar a una meta real si lo que tenemos en mente es cómo calmar ese ruido en la barriga que nos desespera y que nos vuelve amargados, gruñones y, claro, hambrientos.

Como la palabra dieta para mí no es “dieta de Miss” tampoco me gusta el concepto de “pasar hambre”. Si uno hace sus comiditas correctas, con frecuencia y llenas de nutrientes, la cosa no tiene por que ir tan mal. Lo ideal son cinco comidas al día, tres principales y dos merienditas (eso sí, bien balanceadas y nada de chucherías). Uno puede conseguir su peso ideal, comiendo rico, y sin tanta lloradera en el camino.

avenaPero si de todas formas, comiéndote todo lo bueno, sigues con el hueco en el estómago, no desesperes, no todo está perdido. Aquí te paso mi ‘top five’ para alejar el hambre de tu cabeza, y las manos de la nevera. Sencillos como abrir la boca, así que no tienen pérdida:

-Desayuna con más proteínas. Comer un poco más de proteínas en el desayuno te ayudará a no atacar las galletas que la chica que trabaja al lado tuyo tiene sobre el escritorio, y a no bajar a la panadería a tomarte “un cafecito” lleno de grasa y azúcar refinado a mitad de la mañana. Si por ejemplo, junto a tu avena, cereal o carbohidrato de preferencia, te comes algún alimento protéico, llegarás a tu meriendita de mitad de mañana tranquilo y sin mucho apuro. Ten a mano una manzana o unas almendras y sigue tu camino.

-Toma agua. Este consejo suena tonto y lo que nos viene a la mente es “que el agua no me hace nada”. Pero la realidad es que muchas veces esos antojos y ruidos hambrunos en tu barriga son falta de líquido, y del bueno. Así que cuando tengas un ataque de hambre voraz y todavía no sea la hora de la comida, prueba tomándote uno o dos vasos de agua completos, quédate quieto dos minutitos, y después hablamos.

-Cambia el cereal de caja por la avena. A estas alturas de nuestra vida, nadie necesita esa sobredosis de azúcar en la mañana. De hecho, ni a los niños le hace falta el dulce que tienen los cereales empacados, sólo fíjense en la tabla nutricional para que les de miedo. En vez de elegir esas opciones que parecen “sanas”, pero que en realidad son un cúmulo de cosas procesadas, cámbiate a un carbohidrato natural como la avena. Te dará sensación de llenura por largo tiempo y además, te sentirás mejor por hacer la elección correcta.

Come chicle. Yo particularmente no como chicle, lo odio, no me gusta, desde chiquita. Pero la verdad es que esta opción le va de maravilla a un gentío. Si sientes que necesitas correr a la nevera a comerte un pan con queso crema y mermelada, o un pedazo de pizza que alguien dejó ahí pagando, cómete un chicle. Claro sin azúcar, porque si no, la cosa no funciona.

-¡Distráete! Muchos ataques de hambre son producto del fastidio. ¿Cuántas veces has estado echado en tu casa y abres la nevera para ver “que hay”? La respuesta es que ahí hay lo que tú metiste, nada se reproduce mágicamente. Esas visitas a la nevera son más por fastidio que por hambre, así que antes de acercarte a la cocina, haz otra cosa. Busca videos en Internet, lee un poco de ese libro que tiene polvo encima, mídete un pantalón que te quede apretadísimo (una gran motivación para no comer más) o lee cosas interesantes aquí en Inspirulina. Haz lo que sea, pero no te acerques a la nevera.

Como dije, son estrategias básicas, pero funcionan. Trata de ponerlas en práctica, y en serio que irás por buen camino.



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