¿Cómo combatir mi lado oscuro?

Todos tenemos una cara amable y una cara desagradable, un ying y un yang, el lado luminoso y el lado oscuro de la fuerza, y así podemos continuar enumerando bajo distintos marcos de comprensión del mundo esa dualidad que constituye nuestra esencia. Por esta razón el organismo humano viene equipado para sentir emociones negativas (ira, miedo, tristeza, frustración) y también emociones positivas (alegría, interés, diversión, inspiración, esperanza). Los estudiosos de esta área del comportamiento humano comenzaron haciendo profundas descripciones de la emociones negativas encontrando que las mismas tenían fuertes correlatos con reacciones fisiológicas como la taquicardia, la sudoración, el entumecimiento muscular y la producción de ciertas hormonas que permitían las conductas de huida o ataque asociadas a la supervivencia. También encontraron que durante las emociones negativas tenemos visión tubular y una reducción del repertorio conductual que nos focaliza en solo atender la amenaza.

Barbara Fredrikson, una estudiosa de las emociones, decidió empezar a estudiar el repertorio de las emociones positivas y sus funciones para el comportamiento humano. En sus estudios encontró diez emociones positivas: amor, alegría, interés, inspiración, diversión, serenidad, asombro, esperanza, orgullo y gratitud. Por otra parte, descubrió que las emociones positivas no son tan intensas como las negativas en su manifestación fisiológica y que por tal razón tienen una menor duración y son más lábiles. A su vez encontró que el sentir emociones positivas con frecuencia trae un efecto positivo en la salud optimizando el bienestar físico, psicológico y social. Creó entonces la llamada teoría de la ampliación y construcción de la emociones positivas señalando que es necesario cultivar emociones positivas en nuestras vidas para ampliar nuestra capacidad cognitiva y concentración, mejorar nuestra salud física, con la segregación de hormonas como la oxitocina que fortalece el sistema inmunológico y servir de amortiguador de las emociones negativas. En este punto en particular trabajó con un matemático chileno en la proporción de emociones positivas que permitía mitigar el efecto dañino prolongado de las emociones negativas encontrando que la proporción en 1:3. Es decir, por cada emoción negativa que sintamos (ejm. miedo, rabia) que nos sirve percibir una amenaza, pero que la mantenemos  en el cuerpo y la reverberamos con nuestros pensamientos, acciones y palabras, haciendo que se mantenga, debemos tener tres emociones positivas (ejm. alegría, interés y gratitud) que nos ayuden a apreciar nuestro entorno y a nosotros mismos, favoreciendo así nuestro bienestar personal y social.

Vivir reaccionando a los estímulos que nos generan emociones negativas se puede convertir en un hábito que nos mantiene en el lado oscuro y nos va convirtiendo en nuestra peor versión, sobre todo si el entorno se torna adverso o padecemos de enfermedades o circunstancias familiares complejas. En todos los momentos de la vida, pero sobre todo en los más difíciles, debemos desarrollar altos niveles de autoconocimiento sobre nuestras fortalezas del carácter y nuestras habilidades que nos permitan descubrir las actividades, entornos y relaciones que nos generen emociones positivas y así cuidarlos y propiciarlos cultivando herramientas todos los días para combatir el lado oscuro que todos tenemos y debemos conocer para utilizarlo en solo en forma funcional para nuestra supervivencia.



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