¿Cómo entender la solidaridad?

Por razones de trabajo, casi a diario debo trasladarme a un pueblo que está a alrededor de 36 kilómetros de mi ciudad. Como ya llevo varios años haciendo este recorrido, he presenciado varias situaciones que han cautivado mi atención. Esta semana ocurrió una  de ellas.

Viajaba como siempre oyendo radio o absorto en mis pensamientos cuando de pronto delante de mí vi como se levantaba una gran polvareda, gente corriendo, otros gritando. En ese instante había ocurrido el volcamiento de un autobús. Definitivamente una situación desafortunada.

Al igual que otros conductores, detuve mi vehículo y me acerqué al lugar del accidente. Vi como los pasajeros comenzaban a salir por las ventanillas con cara de terror. Inmediatamente comenzamos a ayudarlos. Era increíble ver como un grupo de desconocidos nos sincronizamos en segundos para apoyar a otros desconocidos en una situación desafortunada. Al momento de actuar no hubo distinción de credo, sexo, raza, nacionalidad o afiliación política. La finalidad  última fue la ayuda al ser humano necesitado. Un acto solidario. 

La palabra solidaridad proviene del latín soliditas que explica la realidad homogénea de algo físicamente entero, unido, compacto cuyas partes integrantes son de igual naturaleza. Solidaridad se entiende como la ayuda hacia quien o quienes sufren de una situación desafortunada. Es un acto de fraternidad, una necesidad universal, connatural a todos los hombres. Nos solidarizamos con los más necesitados o aquellos que son víctimas de injusticias.

Juan Pablo II decía que “la solidaridad no es un sentimiento superficial, es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común, es decir, el bien de todos y cada uno para que todos seamos realmente responsables de todos”. Un acto solidario comprende varios elementos: que se funde en un acto de caridad, en la convicción de igualdad y en la rectitud de conciencia.

Constituye un acto afectivo de unidad que implica una forma de entrega hacia otros individuos que consideramos como semejantes en el que lo sentimental trasciende lo material. Se debe estar claro que tras un acto solidario no se debe buscar algún beneficio personal. Es la convicción de igualdad y la virtud de la caridad lo que debe inducir a un individuo a realizar un acto solidario con el otro, con su dignidad, su libertad y su bienestar. 

Si establecemos la solidaridad como un valor social, entonces debemos tener la convicción de trabajar por el bien común, por el bien de todos y de cada uno. Entender que todos somos responsables de todos y que el desarrollo de un individuo está vinculado con el desarrollo de toda la sociedad. Paulo Freire, educador y pedagogo brasileiro, decía que la solidaridad social y política que necesitamos para construir una sociedad menos fea y menos agresiva, en la cual podamos ser más nosotros mismos, tiene una práctica de real importancia en la formación democrática.

La solidaridad trasciende fronteras. La tercera generación de los Derechos Humanos se denominan los derechos de la solidaridad.  Se trata del derecho a vivir en una sociedad en paz y a desenvolverse en un medio ambiente sano. Para ello es necesario la solidaridad internacional, en otras palabras, el esfuerzo entre todas las naciones y pueblos de la tierra.



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