¿Cómo escuchamos al alma?

¿Cómo escucho lo que mi alma me dice? Esta es una pregunta que nos hacemos mientras vamos descubriendo que hay otra parte de nosotros en la que podemos confiar, pero no sabemos cómo conectarnos con ella.

He experimentado que el alma siempre esta hablándonos, pero somos nosotros los que no la escuchamos.  A veces, porque esperamos que nos hable como una voz humana que se escuche en nuestra mente.  Otras, porque simplemente no estamos dispuestos a escucharla.

Pero aquí les comparto cuatro maneras a través de las cuales pude descubrir cómo el alma se comunica con nosotros.

almaAl principio, el espíritu usa nuestras emociones. En nuestra mente estamos tan contaminados por pensamientos del ego que no podemos distinguir lo que el alma quiere decirnos. Es por eso que su presencia se hace saber cuando estamos en paz, cuando sentimos bienestar. Para eso, pongamos atención a lo que sentimos y si estamos en paz ante una situación, con una persona o alguna idea, es el alma confirmando que ese es el pensamiento, la persona o la situación más amorosa para nosotros en ese momento. Si experimentamos paz, el alma está diciendo sí… adelante. Cuando no experimentamos paz interior, es el aviso que lo que nos espera es una experiencia de caos.

Hay un segundo nivel de comunicación y se da cuando el alma nos habla a través de otras personas. Allí donde hayamos depositado la fe, allí nos hablará: un amigo, un libro o la palabra de un guía espiritual. Pero también puede hablarnos desde un cartel en el medio de la calle, un mensaje en la radio, un artículo como este o una canción.

Luego, cuando crece la confianza,  se manifiesta directamente en nuestra mente. Nos habla a través de las ideas. Cuando lo pedimos, aparece el pensamiento en el que confiaremos. Sin ninguna duda, con fe absoluta.

Y finalmente nos entregamos a la sabiduría del alma. Lo convocamos y actuamos sin ningún filtro de intermediarios o razonamiento. No necesitamos pensar. Le pedimos que obre en nosotros y hablamos, hacemos o actuamos con entrega y devoción.

Así es como el alma va pasando del lugar “espiritual” en que la ponemos, a hacerse nuestra amiga y finalmente ser conscientes de que somos uno con ella.

 



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