¿Cómo funciona el Ayahuasca?

Antes de escribir el primer artículo quise documentarme un poco, investigué en Internet, me prestaron un libro y acudí también a la propia Mary Carmen Padrón para que me facilitara información sobre el brebaje mágico que se sirve en su casa. Muy amable y con mucha responsabilidad, me explicó que en cuestiones chamánicas y de medicina ancestral no hay referencias escritas en las que ella verdaderamente confíe, ya que “el papel lo aguanta todo”, se trata de una tradición que viaja de forma oral y fundamentalmente vivencial. Confesó que en su momento también se hizo preguntas y obtuvo respuestas tan desconcertantes como “la medicina te enseña”, por lo tanto, como ya había tomado una lección directa de la maestra, me di a la tarea de narrar mi experiencia a manera de crónica. Después de todo, por algo estaba ahí viviendo lo que nadie más podía contarme.

Sin embargo, ya había visitado un par de páginas con datos interesantes y tenía en mis manos el libro The Doors of Perception (Las Puertas de la Percepción) de Aldous Huxley, texto que inspiró el nombre de la banda de rock psicodélico The Doors. Si ya yo tenía curiosidad, alguien más podría preguntarse qué pasa en el cerebro durante la ingesta de la medicina, así que trataré de sintetizar un poco, sin ánimos de profundizar en química o biología. El componente principal de las bebidas conocidas como Ayahuasca es la liana Banisteriopsis caapi que además se combina con otras plantas dándole distintos perfiles farmacológicos a cada receta de Venezuela, Colombia, Brasil, Bolivia, Ecuador y Perú. El principio activo de este producto es el alcaloide harmina junto a otros presentes en menor medida como la harmalina y el harmalol. Estas beta-carbolinas inhiben de manera reversible a la enzima monoamino oxidasa que a su vez cumple la función de desactivar neurotransmisores como la dopamina y la serotonina. Hasta aquí los términos científicos, vamos con la explicación práctica.

Cada persona es capaz de recordar todo y percibir todo lo que acontece en el Universo. Por lo tanto, el cerebro y el sistema nervioso, más que producir, se encargan de eliminar aquello que no resulta útil o práctico para la supervivencia. Estamos siendo protegidos por un filtro que nos evita la confusión y el desconcierto de recibir tan avasallante carga de información. Hace años leí que nuestra mente subconsciente recibe 4.000.000.000 de bits por segundo mientras que la consciente procesa sólo 2.000 bits. Esta selección viene determinada por situaciones y circunstancias, lo que queda claro es que nuestros sentidos están percibiendo muchas cosas que involuntariamente ignoramos para enfocarnos en otras. Un ejemplo con el que un venezolano puede identificarse es que entre tantos ruidos que hay en el ambiente, fácilmente se reconoce el sonido de una moto acercándose, así como entre todo lo que se ve, la vista se agudiza para identificar el contenido de la bolsa de mercado que carga una señora en la otra calle. Así ha sido desde que nuestros antepasados podían escuchar el rugido de un tigre dientes de sable en la distancia o notaban con claridad aquel pequeño animal que iban a cazar.

El asunto es que ese filtro o válvula reductora del sistema nervioso necesita combustible y el efecto de estas sustancias es precisamente disminuir el suministro de glucosa a las células cerebrales, dejando así una especie de by pass para la “Inteligencia Libre” que nos permite captar no sólo aquello estrictamente necesario para seguir con vida sino también lo que puede parecer inútil y sin importancia (aunque no lo sea). Durante el trance recibimos y recordamos mucho más. La percepción visual acentúa brillos y colores, el ojo vuelve a la inocencia donde redescubrimos lo que vemos sin subordinarlo automáticamente al concepto. Cuando el cerebro se queda sin azúcar, el desnutrido ego se siente débil y sin ánimos de emprender quehacer alguno, no hay razón para actuar o sufrir porque hay mejores cosas en qué pensar. Disminuye el interés por el tiempo y el espacio. Sin lugar a dudas en este flujo libre se cuelan percepciones extrasensoriales, visiones y revelaciones de la existencia tal cual es, en su sentido más puro. Ya esto resulta suficientemente intenso, es lo que buscan los “ayahuasqueros” y generalmente quedan satisfechos, yo lo estaba, pero aún así decidí probar el Rapé.

Más que una decisión, fue un cambio de opinión. Estaba seguro de que no iba a inhalar algo más fuerte que el Tabaquillo, no imaginaba el impacto nasal de algo así, pero me convencieron fácilmente. Al inicio de la noche cuando presentaron al personal, le dieron la bienvenida al experimentado Alí, noté que los Danieles se dirigían a él con mucho afecto y respeto porque había tomado e impartido muchas veces la pócima y llevaba algo más para ofrecer. Tras la segunda dosis de Ayahuasca llevaba horas sentado en meditación hasta que este amigo me invitó a abrir los ojos para brindarme Rapé. No recuerdo las palabras exactas, pero sí la sensación de que un buen hechicero me estaba ofreciendo su sombrero mágico cual aprendiz de brujo. Con la misma cordialidad de la propuesta acepté y me puse de pie. Alí colocó aquel polvillo marrón claro en una pipa Tepi que al principio debía poner en mi ombligo donde están las miles de conexiones espirituales que nos enlazan con nuestros ancestros y posteriormente llevarla a mi fosa nasal izquierda donde él administraría la medicina de un soplido. No imaginaba el “impacto nasal” tan literal, en verdad sentí un puñetazo en la nariz, di un par de pasos hacia atrás, derramé una lágrima y aún faltaba el orificio derecho.

¿Qué contiene? Una molienda de plantas medicinales, ramas, raíces, semillas, flores y otros ingredientes sagrados cortesía de chamanes indígenas. ¿Qué produce? Realineación de chakras, liberación de enfermedades físicas, emocionales y espirituales, apertura del tercer ojo, descalcificación de la glándula pineal, claridad mental, remoción de entidades, conexión con el Espíritu. ¿Qué experimenté? Una altísima vibración manifestada como temblor en el cuerpo. El horizonte pasó a ser vertical, en un punto estaba allí, a ninguna altura determinada, no había suelo ni cielo. Entendí de manera vivencial la unidad, el Código Moisés: “Yo soy eso, yo soy”, no a nivel teórico sino práctico, sentí como era nadie y todos, nada y todo. Tuve diálogos reveladores, esas preguntas que se le hacen a las cartas, los caracoles o el tabaco, pueden ser hechas y respondidas al instante por los ancestros, Dios, el subconsciente o la fuente de sabiduría infinita en la cual prefiera creer. Amor absoluto es una emoción latente durante el episodio que puede llevar a un éxtasis nunca antes sentido. Fue mucho lo que observé hasta que abrí los ojos a las 7:00 am luego de 8 horas meditando con ese nitro espiritual.

Algo escalofriante fue que al terminar la ceremonia no podía encontrar a Alí. Quería hablar con él un poco más sobre el Rapé, pero no aparecía por ningún lado y aún no había salido el primer transporte de Galipán. Horas después, cuando estaba empezando a creer que todo había sido una alucinación o que había hablado con un fantasma al estilo Sexto Sentido, apareció el amigo dándome una audiencia digna del tiempo que pasé buscándolo.

Cordialidad y atención, pero sobre todo mucha sabiduría y la generosidad de compartirla. Me contó que había sido el único en aceptar su medicina inhalada, naturalmente, la gente había quedado algo “regañada” por el Tabaquillo y no quería nada más, yo era uno de ellos, pero él decidió acercarse al verme meditando profundamente y a mí se me hizo imposible rechazar tal oferta presentada con tanta humildad. Fue extraño, era como si una persona prácticamente te rogara que le aceptaras un millón de dólares como obsequio, cosas que sólo suceden en niveles de consciencia tan elevados como el de este hermano. Es algo que se nota, la mirada, la respiración, cada frase contundente que fácilmente puede romper paradigmas o cuestionar la vida misma. A veces escribo, hablo y enseño, pero leer, escuchar y aprender de alguien así es enriquecedor y reconfortante. Con alegría descubro que no sé nada. Con orgullo nos reconocimos como iguales, pero no porque éramos especiales sino porque en ese momento entendíamos que éramos iguales a todos los presentes, a usted, a todos los seres vivientes, a todo lo inerte. Ese viaje interno fue una preparación para el externo donde vamos equipados con nuevos conocimientos, mayor intuición, conociendo la misión y teniendo la puerta abierta a la percepción.

Nuevamente facilito el link de inscripción para la próxima ceremonia a finales de este mes.

 

¡Buena pinta!



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