Cómo mudarse y sobrevivir al intento

En la tierra donde nací existe un dicho así: “ojala te mudéis” como una especie de conjuro simpático para desearte mala suerte. Y es que mudarse implica un dolor de cabeza y un fuerte estrés para toda la familia.

Por más que planifiquemos con suficiente antelación la mudanza, nunca escaparemos del trauma que esto significa, ya que debemos adaptarnos a las nuevas situaciones de cambio que van apareciendo.

Las múltiples experiencias sobre mudanza (seis veces en 12 años) casi me han llevado a escribir una lista de consejos a seguir sobre como no morir en el intento, pero créanme la sola idea de pensarlo ya me genera estrés.

Ciertamente, los sicólogos califican esta acción entre las tres más estresantes que existen, tanto por el agotamiento físico como por el cansancio mental y emocional que nos provoca. Además adaptarse al cambio, bien sea porque lo hayamos buscado o por alguna circunstancia inesperada, siempre nos va a costar un esfuerzo que será mayor o menor dependiendo de los recursos que obtengamos para afrontarlo.

Precisamente, este es el primer consejo que dan los especialistas: enfrentar la situación del traslado de una manera positiva pensando que los cambios son siempre buenos aun cuando detrás dejemos excelentes recuerdos.

En mi caso, cada vez que me mudo de vivienda, siento que me caen años de vida no solo porque mudarme implica desmontar la anterior casa y montar completamente la nueva en su totalidad, sino porque además supone un cambio que me genera grandes niveles de incertidumbre. Especialmente cuando el traslado no es voluntario como me ha sucedido en dos ocasiones.

He tratado de que el miedo a la nueva circunstancia que se avecina no me paralice. Pese a sentirme un poco negativa y triste, haber asumido una actitud realista y sobre todo muy activa me han hecho salir airosa del trauma.

Para maximizar lo positivo y minimizar lo negativo de la experiencia, lo primero que trato de hacer es organizarme y para ello me deshago de todas esas cosas que no utilizo más.

Las mudanzas son una especie de liberación de energías innecesarias en nuestras vidas, así que debemos hacer una buena limpieza de aquello que no nos haga falta. Les puedo confesar que esta practica del despojo me ha resultado estupenda.

También he descubierto en mi gitanilla vida la importancia de buscar apoyo en mis familiares y amigos pues ellos, además de ayudarme a reducir la cantidad de trabajo, tienden a convertir la mudanza en un acontecimiento social que me distrae un poco de la traumática experiencia. A la vez, me sirve de descarga emocional aunque sea por un ratico.

Finalmente un consejo que parece tonto pero que ayuda un montón: beber mucho agua y alimentarnos bien. Las mudanzas implican muchas horas de trabajo físico, por lo que se hace imperativo es tener conciencia de nuestros horarios de comida y sueñito. 8 horas de dormir, una dieta balanceada, hacer pequeñas pausas de descanso para liberar tensiones y una buena dosis de paciencia son esenciales para lograr el éxito de las mudanzas.

Pero sobre todo recordar cada instante, que mudarse puede traer muchísimos cambios atractivos para nuestras vidas, y que estos cambios no son malos sino que nos ayudan a cerrar un capítulo para iniciar otro completamente limpio y novedoso.

Les deseo mucha suerte a quienes estén planificando mudarse.



Deja tus comentarios aquí: