¿Cómo podemos acercarnos al mundo de los otros?

Preguntar: una forma de crear interpretaciones comunes

Una de las cosas que motiva a escribir es compartir experiencias personales, más que traer frases de otros o extractos de libros o artículos, y provocar emociones que les muevan a las acciones para hacer algún cambio en su vida. Entre muchas situaciones a las que debemos prestar atención está el cómo nos relacionamos con la pareja, familia, amigos, compañeros de trabajo. Cuando conversamos ¿de qué hablamos? ¿Cómo nos conectamos con su realidad, muchas veces diferente a la nuestra? ¿Qué resultados estamos obteniendo con nuestra forma de comunicarnos?

No existe una sola verdad y nadie es dueño de ella. Ante una misma situación, apreciamos y reaccionamos de manera diferente. ¿A qué creen que se deba este fenómeno? A que cada uno de nosotros nos constituimos en un observador diferente debido a que nuestra conformación viene dada por la conjunción de diversos elementos -cuerpo, emoción y lenguaje- que nos constituyen de manera diferente; ello hace que quizá yo no tenga la razón y a lo mejor el otro tampoco… o los dos compartamos un pedazo de eso que, utópicamente, denominamos la verdad.

Entonces, ¿qué hacemos en esos momentos de diferencia de interpretación? ¿Cómo constituimos ese mundo interpretativo común que nos lleve al entendimiento, la cercanía, la conexión? Qué sentirían si mi invitación fuera a que se formulen esta pregunta: ¿qué está percibiendo el otro que yo no veo? O que, desde esa emoción de duda, de rechazo, nos atrevamos a preguntarle: ¿qué ves o qué oyes tú que yo no percibo?

La manera que parece más efectiva es haciendo preguntas que produzcan respuestas de valor, que permitan un intercambio constructivo de interpretaciones para lograr conectar con el otro y promover la aceptación de su mirada del hecho y, como consecuencia, la aceptación del otro en el entendido de que somos diferentes, pero compartimos algo, y ese algo, muchas veces, es más grande o significativo que ambos puntos de vista por separado.

Usar en nuestras conversaciones: para qué, cómo, qué, por qué, propician que el otro se conecte consigo mismo y exprese sus razones y emociones ante el hecho, a la vez que nos permite a nosotros tener claridad de su interpretación y lograr esa conexión que es la que, en definitiva, nos da sinergia y aceptación en el actuar.

Mi invitación final: colocar a un lado nuestro ego y situarnos al lado del otro para compartir interpretaciones.

Reflexiones

  • Nuestro mundo interpretativo se constituye en la coherencia de lo emocional, lo corporal y lo lingüístico.
  • La calidad de las respuestas, y por ende de la comunicación, va a depender directamente del poder de las preguntas que formulemos.
  • ¿Cuántas veces te has dado cuenta de que tu interpretación no es la adecuada, simplemente por no hacer las preguntas correctas, tanto a ti como al otro?
  • Cuando el otro responda, les invito no solo a que lo escuchen, sino a que lo observen. El cuerpo… no miente.


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